Columnistas

Salvar a Europa
Autor: Dario Ruiz Gómez
2 de Julio de 2012


Los españoles nacen en una plaza pública y por eso se les hace difícil crear una intimidad, señalaba Ortega y Gasset, quien aclaraba que, en cambio, los alemanes lo hacen bajo inviernos terribles, lejos de la luz

Los españoles nacen en una plaza pública y por eso se les hace difícil crear una intimidad, señalaba Ortega y Gasset, quien aclaraba que, en cambio, los alemanes lo hacen bajo inviernos terribles, lejos de la luz, pero nacían y crecían dentro de una intimidad que les hacía difícil construir una exterioridad. La plaza pública supone el alboroto, el extravío de la parranda, pero en esa agobiada intimidad acechan desconocidos e imprevisibles demonios, se agitan los fantasmas de desconocidos que buscan venganza. El pensamiento solo brota en el silencio, en la pausa y no en la agitación ni en las tinieblas.


Exorcizar esos demonios solo se consiguió inventando la luz, permitiendo que la alegría de los pequeños dioses desterrara de los bosques la fatalidad telúrica. La cultura supone siempre el esfuerzo de transformar un árido lugar en instancias de luz, en aromas necesarios, en arquitecturas que nos lleven al esfuerzo moral de buscar la belleza y la verdad.


Europa no está muerta, pues la Europa que fue capaz de legarnos la noción de lo humano, de legitimar el deseo eterno de emancipación intelectual, de revelarse contra los zarpazos de los oscuros demonios del horror, no puede hoy identificarse con la deshumanizada racionalidad de banqueros y financistas que parecen haberla llevado a una tierra de nadie. El gobierno español ha dicho que aquellos que tienen dinero en cuentas en el extranjero pueden traerlo y  no se investigará su origen, con lo cual, se pone de presente que con tal de obtener un fin, no importan los medios que se utilicen para ello. Recordemos que la reina Isabel en el siglo XVI legalizó la piratería para construir su imperio.


El pensamiento de Kant, de María Zambrano, de Habermas, de Heidegger, es el testamento vivo  de un humanismo que se opone a un poder económico salvaje que ha actuado por encima de cualquier consideración humana, con su pasarela de mafiosos rusos, nuevos ricos chinos, multimillonarios en ventas de armas, imagen desorbitada y repetida de vulgar poder contra la cual se alzó la cultura occidental, creando, repito, una noción de civilización donde el pensamiento respondió a estos desmanes, creando arquetipos éticos de justicia mediante los cuales ha podido ser superado, en situaciones oscuras, el miedo colectivo y restablecido el dialogo social.


El Leviatán de una riqueza desbordada por las normas inflexibles del mercado, parece sordo hoy ante la desesperación de las gentes empobrecidas. El lenguaje que se escucha crudo, egoísta, es la algarabía de estos nuevos ricos que, impunemente, han invadido el templo ante el mutis de estos pobres que solo esperan que llegue pronto Jesús para desalojarlos.