Columnistas

Un enfrentamiento peligroso
Autor: Evelio Ramírez Martínez
29 de Junio de 2012


La conciliación del Acto Legislativo denominado “Reforma a la Justicia” ha generado un enfrentamiento entre las diversas ramas del poder público.

La conciliación del Acto Legislativo denominado “Reforma a la Justicia” ha generado un enfrentamiento entre las diversas ramas del poder público. Ahora dice el gobierno, por boca de su Ministro de Justicia, que a éste no se le permitió participar en la discusión de dicha conciliación, caso insólito y sin antecedentes en el ajetreo parlamentario y, por otra parte, los parlamentarios señalados como responsables de esa actitud, sostienen que el ministro sí participó activamente en la discusión y propuso varias reformas que fueron tenidas en cuenta.


Es necesario reconocer la necesidad urgente de esas reformas propuestas por el ejecutivo. Al respecto, basta citar, por ejemplo, el caso de la comisión de acusaciones, hasta hoy elegida por los miembros de la Cámara sin que a los seleccionados se les exija siquiera poseer el título de abogados y menos el de penalistas. Este comentarista recuerda cómo, siendo parlamentario por allá en los años 70 de la centuria anterior, uno de los integrantes de tal comisión hubo de retirarse del Congreso y su suplente, lógicamente, entró a desempeñar sus funciones, una de las cuales era actuar como miembro de la comisión de acusaciones. Por otra parte, el parlamentario que se ausentaba, hacía parte también de la comisión primera que estudia asuntos constitucionales y legales, comisión a la cuál debió asistir también el suplente que se posesionaba. Para concluir: un día me comentó el novel representante, que se encontraba casi en estado demencial y, posiblemente, se retiraría de la Cámara, porque en ninguna de las dos comisiones a las que asistía, entendía nada de lo que allí se discutía. Necesariamente, para poder actuar con idoneidad en cualquiera de las dos se requiere tener conocimientos suficientes del Derecho.


No cabe duda, que el país está urgido de una reforma a la Justicia, pues aún la misma ejemplar Constitución aprobada en 1991, en sus artículos 186, 235 y 178, párrafo 3, establece que los magistrados de la Corte juzguen a los parlamentarios, y éstos, a la vez, cumplan la misma función respecto a los magistrados. Esta situación obliga a pensar en el adagio que dice: “Hagámonos pasito”.


Infortunadamente; este incidente pareciera que está siendo aprovechado por los enemigos del sistema democrático. No puede olvidarse que en América Latina, desde hace muchos años, ciertos grupos de opinión vienen adelantando una intensa campaña en contra del Congreso, como bien puede comprobarse con solo mirar las estadísticas que publica anualmente la revista “Latinobarómetro”. Según dicho magazine, un elevado porcentaje de los habitantes de algunos países de la región, piensa que es posible que funcione una perfecta democracia sin que simultáneamente opere un parlamento elegido.


Nadie puede olvidar cuál ha sido la lucha del hombre en la búsqueda de instituciones como el Congreso. Al respecto, basta recordar cuál fue la batalla librada por los ingleses para lograr modelar esa institución, modelo en su género, lucha que se iniciara a principio del período medioeval bajo el reinado de Enrique III y que solo culminara por allá en el año 1801, cuando se creara el llamado Parlamento del Reino Unido.


En la historia de nuestro Congreso aparecen momentos que cubrieron de luto nuestra democracia como el ocurrido en 1949, cuando fuera asesinado, dentro del recinto, el joven y brillante político Gustavo Jíménez, promesa entonces del liberalismo; pero  surgen también momentos lúcidos y  memorables como aquél en el cual se iniciara el conflicto con el Perú que permitiera al doctor Laureano Gómez pronunciar esa frase llena de fervor patriótico, que lo consagra como un gran colombiano y que dice: “Paz en el interior, guerra en la frontera”.


También en su recinto se libraron brillantes batallas intelectuales como aquella sostenida entre Antonio José Restrepo y Guillermo Valencia, sobre la vigencia del cadalso en Colombia, batalla que lograra la abolición de esa infamante pena para siempre en el país.


En conclusión: el Congreso es institución absolutamente necesaria allí donde se pretende que exista democracia.