Editorial

Atención especial a la caficultura
28 de Junio de 2012


El Estado tiene la obligación de apoyar la que fuera su puntal económico fundamental en épocas en que las exportaciones colombianas eran limitadas.

Más que de celebración, el acto conmemorativo de los 85 años de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia que se cumplió ayer en Medellín, donde nació la benemérita institución en 1927, fue de profunda reflexión sobre la crisis actual de la industria, las medidas para enfrentarla y la indispensable colaboración del Gobierno en el rescate de un sector del que depende la subsistencia de 560.000 familias y es aporte fundamental a la economía de 588 municipios de 20 departamentos.


La grave situación por la que atraviesa la caficultura colombiana se refleja en cifras tan preocupantes como las siguientes. En los últimos cuatro años, el país pasó de producir 12 millones de sacos anuales del grano a poco menos de ocho millones, y ese desplome de la producción coincide fatalmente con una caída en los precios internacionales. Solo en lo que va corrido de 2012, la depreciación del grano en la Bolsa de Nueva York fue del 31%. El diario económico La República informaba ayer que la descolgada en la cotización externa sumada a la revaluación del peso tienen el precio interno del café -que el martes cerró en $615.000 la carga de 125 kilos- en los niveles más bajos desde finales de 2009.


El gerente General de la Federación, Luis Genaro Muñoz, atribuyó la drástica merma de la producción al fenómeno de La Niña, “de terrible intensidad, producto inesperado del cambio climático, que afectó el campo colombiano, con consecuencias graves en los cultivos de café”. Como se sabe, el cultivo del café es particularmente sensible al exceso de lluvias y a la falta de sol, en especial en la etapa de floración, con un agravante, y es que tal condición climática favorece la aparición y propagación de plagas del cafeto.


También advierte el dirigente que los grandes esfuerzos de renovación de cafetales, “ocasionan colateralmente un impacto temporal en la disminución del área productiva del parque cafetero”, pero es claro que esa política era la correcta y en su momento la apoyamos desde estas columnas. Inclusive, desde el inicio de la crisis de los primeros años de este siglo, en EL MUNDO señalamos que, en el fondo, la crisis de la caficultura era un problema de productividad y que para poder ofrecer en los mercados mundiales el mejor café suave a precios competitivos, debía limitar el área cultivada a la que pudiera competir eficientemente.


Esa estrategia se ha venido aplicando en los últimos diez años, con resultados importantes en materia de productividad, y hay que persistir en ella. Como dice el doctor Muñoz, “la renovación requiere paciencia, y no solo debe darse en el campo vegetal de las variedades resistentes sino en el necesario relevo de las nuevas generaciones, que deben tomar las riendas de la producción”.


Nosotros creemos que, ante la crisis del sector cafetero, azotado por contingencias climáticas, golpeado por la revaluación y amenazado por factores externos derivados de la crisis de las grandes economías, el Estado tiene la obligación de apoyar la agroindustria que fuera su puntal económico fundamental en épocas en que las exportaciones colombianas eran limitadas y además muy difíciles debido a las barreras comerciales de todo orden.


El presidente Santos, durante su intervención ante los cafeteros, renovó su compromiso de apoyo a la caficultura con otros $200.000 millones este año, aparte de los $300.000 millones que destinó el Gobierno el año pasado para respaldar programas de renovación de cultivos con variedades más resistentes a la roya y otras plagas, y menos vulnerables a los cambios de clima. Tan importante como lo anterior, es que la Junta del Banco de la República sí le haga caso en su propuesta de hacer más contundente su intervención en el mercado de dólares, con la aspiración de recuperar el precio de la divisa al nivel de los $2.000. Veremos qué tanto pesa su liderazgo al interior de la poderosa junta. Si lo logra, le sabrán agradecer también los demás sectores exportadores, tan golpeados como los cafeteros por la revaluación.