Columnistas

“Mal desempeño”
Autor: Rubén Darío Barrientos
28 de Junio de 2012


Si la malhadada reforma a la justicia colombiana está impregnada de “micos”, la Constitución Política del Paraguay adolece de tener verdaderos “orangutanes”.

Si la malhadada reforma a la justicia colombiana está impregnada de “micos”, la Constitución Política del Paraguay adolece de tener verdaderos “orangutanes”. Prevé la carta manga guaraní, en su artículo 225, que el Presidente de la República podrá ser sometido a juicio por “mal desempeño de sus funciones”. ¡Qué peligro! Nunca había visto una carta fundamental tan azarosa, tétrica y sombría. ¿Qué es mal desempeño de las funciones? ¿Quién define ello? ¿Qué es buen desempeño y en qué consiste el mal desempeño? ¿Cómo tarifarlo?


¡Averígüelo Vargas! Sobretodo que el cargo de Presidente tiene origen político, dimana de lo político y se mueve entre adeptos y opositores. Vuelvo y pregunto: ¿Qué es mal desempeño? Pues bien, ese par de palabras descabezaron al presidente paraguayo Fernando Lugo. Consultados los analistas políticos de ese país, acerca de la definición del “mal desempeño de las funciones”, dijeron lo siguiente: uno opinó que la expresión se refiere a “la insolvencia moral”; otro, con fama de ser muy agudo, conceptuó que ello alude a “la ineptitud” y un tercero, hizo saber que en su sentir apunta a “la falta de decoro”. ¡Hágame el favor!


Por primera vez estoy de acuerdo con los presidentes Chávez y Correa, cuando expresan que la destitución de Lugo fue todo un golpe de estado. Los antecedentes de ese “ácido”, son claros: la coalición política de gobierno venía reclamándole airadamente al mandatario más burocracia, sin éxito, y el ministro del interior fue designado de entre un grupo diferente a los aliados, pese a que en las concertaciones que se habían hecho con ellos ya se disponía de otro nombre. De ahí su diagnóstico de ser este rifirrafe, un proceso re-que-te-politizado. Lo más absurdo de todo, es que se le dieron 24 horas a un flamante presidente de la república para defenderse. Ante semejante quiebre del orden constitucional, lo que ocurrió fue un rotundo golpe de estado parlamentario.


Independientemente de si se estaba de acuerdo o no con Lugo, con su tendencia política, con su cuestionada forma de gobernar, con su mal talante de mandatario y con sus aliados non sanctos, su destitución es un hecho histórico recordado por lo malévolo. Ya Unasur dijo que no reconoce el gobierno del médico Federico Franco. Sin duda, se trató de una conjura bajo el ropaje constitucional. Y como todo se puede en la subjetividad, la destitución se presenta al mundo en nombre del artículo 225 de la Constitución Nacional. Entre otras cosas, carta magna que data de 1992.


El florero de Llorente (para citar una frase muy nuestra), fue el desalojo de una propiedad rural (fronteriza con Brasil), que deparó una grave matanza de 11 campesinos y 6 policías. Ello ocurrió hace 2 semanas. El Ministro del Interior y el Comandante de la Policía, dimitieron por ello. Pero no ha habido providencia que declare los culpables reales de la atrocidad. El 21 de junio último, se aprobó un juicio político en el Senado contra Lugo. Éste no renunció y se sometió al sesgado veredicto. Y lo pasaron al papayo, por 39 votos a favor, 4 en contra y 2 abstencionistas.


En este embeleco, que demuestra que el legislativo hace lo que le da la gana con el presidente (ejecutivo), quedó en evidencia que con un deplorable juicio sumario (frágil, inicial) decapitaron la víctima y dejaron, de paso, la democracia del Paraguay herida de muerte. En 5 horas de debate, borraron a Lugo. Supone uno, que los aliados del obispo que colgó la sotana, se bajó del púlpito y reconoció vástagos bajo escándalo público, serán los primeros en inspirar una reforma constitucional para suprimir semejante peligro. Imagínese, amable lector, si esta frase estuviera en la carta colombiana, ¿cuántos hubieran sido lapidados políticamente? Me taladra: ¿Mal desempeño? ¿Y eso con qué se come? ¿Quién pontifica sobre su definición?