Columnistas

Del agua de EPM a Río+20
Autor: José Alvear Sanin
27 de Junio de 2012


El agua potable es escasa, aun en algunas grandes metrópolis. Por eso es lamentable que las aguas 100% potables de la canilla, especialmente las de Medellín, Cali y Bogotá, nada hagan contra la competencia inconveniente de las aguas embotelladas.

El agua potable es escasa, aun en algunas grandes metrópolis. Por eso es lamentable que las aguas 100% potables de la canilla, especialmente las de Medellín, Cali y Bogotá, nada hagan contra la competencia inconveniente de las aguas embotelladas. Estas últimas, que solo deben consumirse donde no haya agua bien tratada, no son mejores que las de la llave pero dejan un margen escandaloso de utilidad a los embotelladores, hasta del 1.000%, y algo menor a los expendedores, amén del daño ambiental que ocasionan los envases plásticos.


Acabo de quejarme ante la ejemplar Asociación de Consumidores de Medellín, porque algún franquiciado de cafetería transnacional niega el agua de la llave para acompañar un café, dizque por “razones higiénicas”…


No entiendo por qué razón EPM (que tanto dinero gasta en publicidad costosa y mal dirigida) no exalta en una escala suficiente su inmejorable agua, especialmente en los estratos menos favorecidos. ¿Y por qué la Secretaría de Salud no promueve los jugos de fruta en barrios populares, donde se gasta más en gaseosas que en leche? Teleantioquia y Telemedellín deberían servir para algo mejor que la promoción política personal…


Como lo uno lleva a lo otro, saltemos a la Cumbre Rio+20, celebrada como un acuerdo de mínimos posibles por los gobiernos y como una  nueva frustración para los movimientos ecológicos. La extensa declaración final no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, sin fuerza vinculante ni apropiación de recursos.


No son escasos los problemas ambientales del planeta, empezando por el bien publicitado del calentamiento global, pero hay otros que muy poco se mientan, quizá por las inmensas industrias que se lucran de ellos:


1. El problema de las basuras está estrechamente unido a los empaques plásticos y metálicos, prácticamente indestructibles y que, por desgracia, terminan arrastrados por los ríos hasta el mar, que no resulta tan inmenso frente a la acumulación de desechos. En efecto, las corrientes marítimas van juntándolas en ciertos lugares. Ya se habla del Great Garbage Patch en el Pacífico, del tamaño de Francia (como media Colombia), donde una densa acumulación de bolsas y otros plásticos impide también el paso de los rayos del sol. Horrendo basurero que seguirá extendiéndose ante la indiferencia de los gobiernos y de la “comunidad internacional”, mientras ya se detecta otro que se está formando en el Atlántico norte.


2. Salvo Suecia, primero, y Alemania luego, la poderosa industria electro-atómica, apoyada por los gobiernos, sigue adelante con nuevas centrales nucleares, inclusive en el Japón, a pesar de la aterradora advertencia de Fukushima. Lejos de haberse conjurado el problema, el gobierno de Tokio viene siendo acusado de minimizarlo para evitar más pánico, sin responder las inquietudes de grupos científicos que temen sea necesario evacuar un tercio de la población (40 millones) hacia lugares como la helada isla de Shahalin, si se replicase el accidente.


3. A pesar de la tragedia del Golfo de México, la industria petrolera sigue perforando en los siete mares, a profundidades hasta de 5 y más kilómetros, ajena a los inmensos riesgos que nunca discuten los medios…


4. La timidez con que el gobierno brasileño defiende la selva amazónica se repite de manera igualmente culpable frente a la tala de miles de hectáreas en el Chocó…
Pues bien, mientras las industrias financiera, de armamentos y de medicamentos sigan dominando las políticas públicas y copando los mass media, no existirá la posibilidad de  empezar a enderezar el rumbo hacia una economía frugal, capaz de dar respuesta a las inquietudes ecológicas y a la generación masiva de empleo, que se lograría poniendo el acento en la recuperación ambiental y en la conservación y mejora del entorno. Mientras estos problemas se agravan, la clase política llamada a resolverlos, distrae a la opinión con suculentos escándalos semanales de los cuales solo resulta enriquecimiento adicional para zánganos y pícaros.