Columnistas

Pensar los problemas
Autor: Dario Ruiz G髆ez
25 de Junio de 2012


Ahora sale a flote el problema de la descomunal cifra de empleados p鷅licos sobre los cuales se estructura el Estado espa駉l, un Estado con 17 Estados aut髇omos y cada uno de estos con su respectiva burocracia.

Para salir de la crisis económica, el Gobierno español debe subir el IVA y bajar aún más el sueldo de los empleados públicos. Ana Botella, esposa del expresidente Aznar y hoy alcaldesa de Madrid, se atreve a insinuar una medida que, según ella, supondría un ahorro para las empobrecidas arcas municipales: dejar de recoger la basura todos los días.


Buscando responsables de este hundimiento se señala, reiterativamente, a la llamada “Burbuja inmobiliaria” como la principal responsable. Pero ¿por qué no se individualiza y se cita a quienes la provocaron, obteniendo altísimas ganancias, destruyendo de paso el medio ambiente y dejando en la calle a miles de familias a quienes los bancos les quitaron sus viviendas por no poder pagar las descomedidas hipotecas? Hoy los bancos ni siquiera tienen clientes para alquilar esas viviendas que han quedado vacías. ¿Dónde están esos exiliados dentro de su propia patria?


Ahora sale a flote el problema de la descomunal cifra de empleados públicos sobre los cuales se estructura el Estado español, un Estado con 17 Estados autónomos y cada uno de estos con su respectiva burocracia. Políticos llaman en España, sin eufemismo alguno, a ediles, diputados, congresistas, cuyos sueldos son muy altos aún en pequeños municipios y cuyas prebendas son escandalosas. Reducir las cifras de esta burocracia calculada en 450.000 funcionarios, debe ser una de las tareas urgentes para la reestructuración del Estado y la recuperación de la imagen de lo que significa gobernar y, sobre todo, dedicar el gasto público a enfrentar las necesidades de los ciudadanos contribuyentes y no a sostener a una clase parásita.


Lo que uno se pregunta es, en medio de está situación, por el papel de los intelectuales, de los pensadores, que, históricamente, en toda crisis institucional han salido a denunciar las injusticias, los desmanes del poder, la corrupción del lenguaje oficial, el desamparo de las víctimas de estos desmanes, o sea, la España real. Lo que queda en claro es que no aparecen por parte alguna porque ante este vacío de pensamiento crítico no podemos calificar como tales a activistas marchitados o a los especialistas en hacer simples diagnósticos. En España no hay actualmente filósofos sino profesores de filosofía que en lugar de escoger la bioética como camino, se quedaron en gratuitas especulaciones estéticas, me decía Juan Nuño. Y esto por desgracia es lo que se hace evidente en medio de una crisis que como lo he venido diciendo ha dejado al desnudo las imposturas y falacias de una cultura de mercado donde el pensar y el pensamiento fue suplantado por las piruetas de ingeniosos catedráticos convertidos en pensadores por la industria editorial, por los grupos gobernantes.


Esta es la reiterada mediocridad, el llamado “ombliguismo”, que cíclicamente aparece en España; las nuevas versiones de la cultura de casino provinciano con sus caciques locales y a la vez con lo que suele seguir a continuación: la intolerancia disfrazada de necesario regreso a la verdadera autoridad. Regresar a Ortega y Gasset, a Machado, a Unamuno; es hoy, en medio de este interregno, un imperativo ante la ausencia de magisterios intelectuales.