Editorial

Paraguay: De Lugo a Franco
24 de Junio de 2012


El origen de su fracaso y su peor error pol韙ico fue pretender hacer un gobierno esencialmente de izquierda, desconociendo al Partido Liberal, que le puso el 65% de los votos y el prestigio de su l韉er como f髍mula vicepresidencial.

En tiempo récord de una semana sucedieron en el país sudamericano acontecimientos extraordinarios: el juicio político y la fulminante destitución del presidente Fernando Lugo por parte del Congreso y su inmediata sustitución por el vicepresidente Federico Franco, quien el viernes juró como 55º Presidente de la República del Paraguay. Pese al tremendo sacudón institucional y a las protestas de los partidarios del defenestrado mandatario, el reporte de las autoridades era ayer de total tranquilidad en el país.


La acusación de “mal desempeño de sus funciones” que dio al traste con el gobierno Lugo, cuando le faltaban dos meses para completar su cuarto año en el poder, fue estudiada y aprobada el jueves en la Cámara de Diputados, donde 75 votaron a favor y solo uno en contra del “juicio político” ante el Senado. Al día siguiente, después de varias horas de deliberación, durante los cuales se escucharon los alegatos de la defensa del presidente, la plenaria del Senado votó la destitución por 39 votos a favor y solo cuatro en contra (dos no asistieron), cumpliendo de sobra con el requisito constitucional de los dos tercios de la cámara alta de 45 miembros.


Hay que recordar que el carismático exobispo católico llegó al poder en abril de 2008 al frente de la Alianza Patriótica para el Cambio, compuesta por el Partido Liberal Radical Auténtico y varios grupos de izquierda, y que en los comienzos de su gobierno llegó a tener el 90 % de imagen favorable, pero últimamente había caído a un escaso 30 % de respaldo popular y venía siendo objeto de fuertes críticas, incluso al interior de la coalición gobernante.


Algo debieron influir en la pérdida de aprobación, en un país dominantemente católico, las demandas por paternidad que le entablaron al señor Lugo varias mujeres. Pero nosotros creemos que el origen de su fracaso y su peor error político fue pretender hacer un gobierno esencialmente de izquierda, desconociendo al Partido Liberal, que le aportó el 65 % de los votos y el prestigio de su líder como fórmula vicepresidencial.


En los últimos meses, la oposición, por su parte, arreció la campaña contra Lugo, al considerarlo responsable de instigar las ocupaciones de tierras en la región soyera de Ñacunday y de no enfrentar con suficiente autoridad los brotes de violencia, especialmente del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). En una ocasión, el vicepresidente Franco – que siempre se quejó de ser ignorado por el presidente – dijo que éste no tenía voluntad de eliminar a esa organización terrorista, debido a que sus integrantes tenían vínculos con él. Por esas declaraciones, el hoy flamante presidente paraguayo recibió graves amenazas.


Al asumir la Presidencia, Lugo había prometido emprender una reforma agraria “diseñada y negociada con todos los actores involucrados, sin caer en procesos traumáticos ni violentos”. La reforma no cuajó y tampoco pudo controlar las invasiones de tierras promovidas por la Liga Nacional de Carperos, una organización que en principio fue afecta al gobierno. La gota que rebosó la copa de la crisis fue el trágico enfrentamiento entre policías y campesinos invasores del pasado 15 de junio, que dejó seis policías y once civiles muertos.


Al señor Lugo hay que abonarle su sometimiento a la Constitución, su llamado a los partidarios a manifestarse de manera pacífica y que, una vez conocido el fallo, expresara su acatamiento y su disposición “a responder por sus actos como exmandatario”. Su gesto fue definitivo para tranquilizar los ánimos y conseguir una transición constitucional sin mayores traumatismos.


En Paraguay no se habla de “golpe de Estado”. Ese es un invento de los señores del Alba, Chávez, Morales, Correa y compañía, que amenazan con desconocer el gobierno de Federico Franco. ¿Qué los tiene tan molestos? Que pierden un socio para su proyecto del “socialismo del siglo XXI” y ganan un contradictor fuerte, enemigo del ingreso de Venezuela al Mercosur – pero sí amigo del de Colombia – y opuesto en su momento a que Paraguay ingresara a Unasur. Para él, esta institución “solo sirve para justificar los viajes y desde que surgió se inició el armamentismo en la región”.