Columnistas

Cómo vestían los tatarabuelos
Autor: Hernán Cárdenas Lince
23 de Junio de 2012


Sea lo primero recordar las tres razones que existen para que los seres humanos usemos vestidos, cuando a los animales nunca se les ocurre tal cosa.

Sea lo primero recordar las tres razones que existen para que los seres humanos usemos vestidos, cuando a los animales nunca se les ocurre tal cosa. La primera razón es la conveniencia de defenderse del clima exterior que bien puede afectar por el frío o el calor. La segunda razón es la conveniencia de cubrir las partes sexuales del cuerpo y la tercera es el deseo de servirse de la apariencia exterior para figurar como alguien importante.


Después de lo anotado anteriormente quiero explicar que mi interés mayor es estudiar detalladamente sobre cómo era la forma y el modo de vestirse en Medellín por allá en los años de 1830 y 1840. Al respecto encontré por casualidad un importantísimo libro escrito por el señor Eladio Gónima, publicado en el año de 1909 y que detalla con precisión cómo era la vida en la ciudad en las primeras décadas del siglo XIX.


Principiemos por los zapatos que solo eran utilizados por una mínima parte de la población. Los esclavos, por ejemplo, nunca en toda su vida utilizaban los zapatos, ni tampoco las mujeres de clase media y baja. Las señoras de acaudaladas familias usaban zapatos de tela blanca o rosada que tenían en la parte delantera cintas de colores en moños. Esas pocas damas con altos caudales económicos usaban trajes de seda pero se calcula que ellas apenas significaban en 1% de toda la población. En cuanto al peinado, sí se utilizaba en todos los estratos económicos hacer un enorme rollo en la parte alta de la cabeza, cosa que hacían todas las mujeres con excepción de las esclavas negras.


El vestido de los hombres tenía características bien extrañas pues solo los domingos o días de fiesta los señores importantes usaban prendas “de paño” de color negro o azul oscuro. Los demás días se usaba el dril y el llamado “mahon” (del puerto de Mahon en las Baleares) que se acompañaba, en los altos estratos, de chaleco o de chaqueta.


Todos los hombres usaban sombrero de paja y unos pocos, muy elegantes, sombrero de copa.
Cuando una mujer llegaba a los 30 años se consideraba muy vieja y entonces tenía que usar siempre la “mantilla”, que era un enorme pedazo de tela negra con el que se cubría la cabeza y luego se pasaba por encima de los hombros.


El vestido y la forma de vestir eran tan importantes que los testamentos de las personas adineradas indicaban qué vestidos se le darían a cada uno de sus herederos. Cosa bien diferente ocurre en la actualidad cuando los vestidos son algo pasajero y es hasta difícil encontrar en la calle personas cuyos atuendos revelen su condición social y económica.


Todas estas curiosas notas las relaciono con cosas que los actuales educadores deberían tener muy en cuenta en sus importantes papeles de enseñanza pues los vestidos deberían representar verdaderos “valores” para los seres humanos.