Columnistas

Los azumbrados
Autor: Rubén Darío Barrientos
21 de Junio de 2012


Los azumbrados son los mismos prendiditos. No le busque más. Me viene a la cabeza este término, porque leí en la prensa del lunes 18 de junio que “cayeron 110 conductores ebrios en operativos en Medellín”.

Los azumbrados son los mismos prendiditos. No le busque más. Me viene a la cabeza este término, porque leí en la prensa del lunes 18 de junio que “cayeron 110 conductores ebrios en operativos en Medellín”. Claro está que ese titular no refleja literalmente toda la verdad. Repárese que a gente con dos copas de aguardiente, whisky, ron o un par de “frías”, ya le marca la prueba de alcoholemia. Y si somos estrictos, con esa cuota inicial nadie se embriaga. En suma, todos los 110 infractores no formaban un batallón de borrachos: había personas con leve consumo de etílicos y otras, desde luego, con alta ingestión de licor. Pero como “dura es la ley, pero es la ley”, la prueba es dura y no perdona niveles apenas incipientes. Todos van al mismo costal infractor.


En ocho horas, se practicaron 1.788 pruebas en cinco puntos de Medellín. Un poco más del 6% de los conductores que fueron detenidos en los megaoperativos, fueron pillados in fraganti. Sorprende que no hubo susto ciudadano con el ruido de la ley que sanciona el primer grado de embriaguez y depara suspensión de licencia, multa onerosa e inmovilización. Lo que me llamó la atención fue el personal que intervino en el operativo: 50 guardas, 6 médicos, 30 agentes de la policía, 10 expertos de laboratorio de toxicología, 45 gestores pedagógicos y personal del Fondo de Prevención Vial, todos bajo la égida de Carlos Alberto Marín, subsecretario de control de tránsito – Medellín.


Semejante tropa, garantiza que no hay espacio para el soborno. ¿A cuántos habría que filar para la coima? Imposible pensar en eso, cuando además hay personal interdisciplinario abordo. Dentro de todo, hubo 32 motocicletas inmovilizadas, lo que es otro mal indicador ya que este tipo de vehículos viene sumando muchas muertes absurdas. Las multas son bastante dolorosas: $ 850.050, da ese parte. Total, que los chorritos salen bien costosos, si hacemos cuentas. Y ni hablar de perder la licencia. Apoyamos las normas que reprimen las conductas non sanctas de los tragueados. La irresponsabilidad  tiene que tener límites y si este es el comienzo de una andanada contra los “encandelillados”, pues que sigan las medidas.


Con tantas opciones, como tomar un taxi, llamar en pos del servicio de la aseguradora del “conductor elegido” o dejar que conduzca el vehículo un acompañante que ingirió apenas gaseosa, té o jugo, no vale la pena amargarse por una situación como éstas. Muchas personas, comunicadas con celulares y mensajes de texto, se salvan porque cantan los sitios de los retenes. Sin embargo, la cifra de los que cayeron es alarmante. Y continuarán los operativos, recomendando que sean en lugares diferentes para que no pueda telegrafiarse el recorrido y el factor sorpresa. 


Desde otro ángulo, también hay preocupación. Resulta que en paralelo con las acciones de ciudad, se hicieron otras en Antioquia. Y, regionalmente, se impusieron 72 comparendos por positivos por embriaguez. La cosa está grave, sin duda. Más aún, que con la sanción presidencial de la nueva ley, los borrachitos y “copetones” no podrán negarse a hacer la prueba de alcoholemia. Cuando una persona rehúse hacerla, es básica la presencia de médicos que, luego de examinar aspectos físicos salientes, emiten diagnósticos para los infractores. Ya se puso el dulce a mordiscos. Nada de mamar gallo ni de ponerse de ruana el operativo. O se practica la prueba o queda enyardado. Un verdadero tatequieto.


Esas épocas en que todo el mundo salía prendidito de las bodas, fiestas, reuniones familiares y estaderos, y manejaba el carro despacio y por la derecha, quedaron atrás. Lo de hoy es un acto de responsabilidad. Todavía hay muchos Merlanos deambulando las calles e invocando investiduras. Pero cada vez más, la autoridad tendrá que ser visiblemente férrea y menos complaciente. Las normas son para cumplirlas y es entendible que manejar con tragos es un dolor de cabeza, para el cual no han inventado la pastilla.