Columnistas

Lo que va del GEO5 a RÍO+20 (1)
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
20 de Junio de 2012


Oficialmente se denomina “Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable” y dará comienzo hoy en Río de Janeiro, con el nombre de Cumbre de la Tierra Río+20

Oficialmente se denomina “Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable” y dará comienzo hoy en Río de Janeiro,  con el nombre de Cumbre de la Tierra Río+20, como un nuevo intento en avanzar sobre los compromisos que tienen los Estados miembros y toda la comunidad mundial con los cambios que se vienen generando desde el siglo pasado hasta el presente.  Río+20 se presenta después de darse la primera cumbre en la misma ciudad hace ya 20 años atrás y de replicarse en Johannesburgo en el año 2002.


Dos ejes fundamentales sustentarán la Cumbre: una economía ambiental conducente a la sustentabilidad y la erradicación de la pobreza y, la creación de un marco institucional para el desarrollo sustentable.


Han transcurrido 20 años y los avances en materia de sustentabilidad han sido muy parciales y el mundo ha cambiado considerablemente.  Así lo demuestra el  “Quinto Informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA (GEO5)”,  que es el resultado  de evaluar el estado del medio ambiente mundial a través de consultas y procesos participativos.  Hasta la fecha, se han producido cinco informes de evaluación conocidos generalmente como  Perspectivas del Medio Ambiente y que se dieron a conocer en 1997, 1999, 2002, 2007 y 2012.


El informe GEO5 reseña que los cambios que actualmente se observan en nuestro planeta no tienen  precedentes en la historia de la humanidad ya que en los últimos cinco años, esos cambios ambientales no han disminuido ni en su escala ni en su velocidad, acercando al sistema Tierra a unos umbrales  crítico tanto regionales como locales.  Es más, en algunos casos, esos umbrales han sido superados.


Un ejemplo de lo señalado anteriormente es el colapso (reversible) de muchos ecosistemas de lagos y estuarios de agua dulce como consecuencia del fenómeno de la eutrofización y, un cambio irreversible es el derretimiento acelerado de la capa de hielo del Ártico y el deshielo de los glaciares  como consecuencia del calentamiento global.


Los cambios complejos ya muestran graves consecuencias en el bienestar humano: sequías combinadas con presiones sociales y económicas; aumento de la temperatura media por encima de ciertos umbrales en muchos lugares del planeta,  incrementándose con ello los casos de malaria; inundaciones y sequías de manera repetitiva; considerable pérdida de la diversidad biológica y extinción continua de especies. La Tierra como sistema complejo, exige que las respuestas a estos cambios deben centrarse en sus causas fundamentales, en las fuerzas que obligan al cambio ambiental y no exclusivamente en las presiones o síntomas.


La falta de datos confiables y sistemáticos que indiquen cuál es el estado en que se encuentra nuestro medio ambiente, también se traduce en un obstáculo para que sean más eficaces los programas y las políticas.  Por  lo tanto, todos los países están en la obligación de vigilar y evaluar su propio medio ambiente de manera tal que se pueda integrar la información social, económica y ambiental y, de esta forma, sustentar los procesos de adaptación a las correspondientes decisiones, fortalecer la cooperación internacional y generar capacidad de recopilación de datos  y con acceso a la información por parte de toda la comunidad mundial interesada en ella.


El deterioro de los ecosistemas terrestres, pone de manifiesto que las metas acordadas por los países involucrados en los diferentes acuerdos, solo se han logrado de forma parcial. Por ejemplo, se ha avanzado significativamente en materia de protección de la capa estratosférica del ozono con el Protocolo de Montreal al conseguirse una reducción drástica de la producción y uso de sustancias que agotan esta molécula triatómica, pero en contraposición, poco se ha logrado en cuanto alcanzar una reducción notoria en lo que respecta a las emisiones de compuestos azufrados y nitrogenados, siendo muy notorio en el África, Asia y América Latina.