Columnistas

Víctimas no clasificadas
Autor: Alejandro Garcia Gomez
20 de Junio de 2012


Por una situación personal, este 30 de mayo tuve necesidad de pasar por el atrio de la iglesia de La Candelaria (centro de Medellín).

Por una situación personal, este 30 de mayo tuve necesidad de pasar por el atrio de la iglesia de La Candelaria (centro de Medellín). Como todos los miércoles y desde hace muchos años, allí se reúnen familiares de los desaparecidos, alrededor del medio día. Con carteles y velones encendidos, en el calor de los 34 grados actuales o bajo la lluvia de la ola invernal, rinden homenaje a sus seres queridos. Siempre había observado a una anciana con un enorme estandarte, “Rutbia, te esperamos”, con la fotografía de “Rutbia” en su camiseta, y desde la primera vez me impactó su majestuosa dignidad. A finales de la semana de la entrega del periodista Roméo Langlois por parte de las Farc, supimos –por RCN televisión- que esa misma señora, llena de dignidad y canas, reconoció a su hija vestida de camuflado, Ruth Beatriz Castañeda, “Rutbia”, entre las fuerzas de las Farc que se hicieron presentes en la entrega. Pero ni esta cadena televisiva y de radio, ni Caracol televisión ni radio, ni ninguno de la gran presa nacional se volvió a referir a este drama humano. Tampoco las internacionales. Se alcanzó a escuchar que la señora madre de Rutbia espera contar con la ayuda del francés Langlois, para solicitar que los comandantes de las Farc le devuelvan a su hija, una sicóloga desaparecida mientras hacía un recorrido de trabajo entre dos municipios cercanos a Medellín. Es otra de las caras de la tragedia que ha dejado esta guerra: de llegarse a concretar la petición y el -feliz pero inimaginable- suceso de la entrega a su madre de esta sicóloga por parte de las Farc, es posible que se convierta en otra tragedia más, porque no sabemos en calidad de qué la tomaría la justicia colombiana –si como combatiente o terrorista o víctima-, ya que su madre asegura que la vio vestida de camuflado entre la tropa guerrillera. Desde ya preveo que sería otro tipo de tragedia que sobrevendría al feliz suceso, una nueva, no clasificada hasta ahora porque aún no ha ocurrido. Vendrían no sólo los alegatos y las demostraciones y pruebas legales de uno y otro lado, sino que las grandes fuerzas de uno y otro lado tomarían posiciones violentas. Otra tragedia dentro de la tragedia; quizá más complicada que la de Sigifredo López. ¿Cuántos habría en la misma situación?


También en este caso se observa algo que ya es usual en cualquier hecho legal en nuestro país: la población espera contar con el apoyo de la prensa para ser escuchados por la justicia. Para el colombiano común y corriente, ésta sólo mueve su brazo, si la prensa está de por medio y, en una regla de tres directa, a mayor prensa, mayor celeridad en su actuación. La madre de Rutbia espera contactarse con Langlois para ser escuchada por la guerrilla, según el telenoticiero. Hemos adoptado a la prensa para mover la justicia quizá con más razón que sin ella. Veamos si no el caso Sigifredo López: una Fiscalía en apuros por la presunta mediatiez de su hombre más poderoso: el país se va a estremecer por algunos anuncios de Farcpolítica, dijo, palabras más o menos. Con asombro, el país ha ido observando que hubo apresuramiento, por lo menos, para no decir que irresponsabilidad. Llegó el escepticismo. Todas las pruebas y cotejos internacionales, con los países e instituciones confiables que se están haciendo ahora, fueron las que debieron hacerse antes. Hoy se podrían haber verificado, de acuerdo con las solicitudes de la defensa –en caso de una posible captura-, pero antes de  ésta se habría llegado a situaciones más definitivas y no dubitables. Nadie –en sano juicio- se secuestra 7 años para dar rienda a intereses políticos o peores, arriesgándose a no ver crecer a sus hijos. Parece que el escepticismo llegó para quedarse. ¿Y el caso Colmenares, con un cierre inicial de  proceso que horroriza, estaría en lo que está?


De llegar a darse un posible fallo condenatorio contra Sigifredo, cualquiera que sean las razones, los colombianos quizá jamás lo creerían ni menos aceptarían. No sé si se convierta en un baldón para quien o quienes tienen la responsabilidad.