Columnistas

Vida Comunitaria
8 de Junio de 2012


Todos los que hab韆n cre韉o estaban juntos, y ten韆n en com鷑 todas las cosas; y vend韆n sus propiedades y sus bienes, y lo repart韆n a todos seg鷑 la necesidad de cada uno.

Jose Arley Munoz Usuga*


“Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;  y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2,44-47


Los primeros cristianos  dieron testimonio de la vida comunitaria, en ellos habitaba el Espíritu del Señor. No tenían como propio nada y todo lo tenían en común. Si nos atenemos a estos elementos  que conforman y hacen parte esencial de una comunidad, tendremos que reconocer,  lamentablemente, que en nuestra sociedad y en particular en nuestro país, nos encontramos lejos de vivir comunitariamente.


De igual forma, una comunidad está constituida por una comunidad de pueblos con una historia propia, con valores específicos y con problemas semejantes. El enfrentamiento y las soluciones deben responder a esa historia, a esos valores y a esos problemas.


Nuestro país alberga problemáticas muy diversas, que van desde el fenómeno del desplazamiento forzado, con más de 4.500.000 de víctimas, hasta las situaciones de pobreza e inequidad que exigen de nuestra parte  denuncia y solidaridad total con los menos favorecidos de la sociedad.


Como bien lo manifestaron los Obispos reunidos en Medellín, en su aparte  sobre los Pueblos de América Latina-la comunidad, “América Latina parece que vive aún bajo el signo trágico del subdesarrollo, que no sólo aparta a nuestros hermanos del goce de los bienes materiales, sino de su misma realización humana”.


Podríamos enumerar cientos de dificultades, al igual que de antivalores que nos han acompañado a lo largo de nuestra historia; pero con ello desconoceríamos la riqueza cultural nacida de valores ciudadanos, religiosos y étnicos que nos ha permitido seguir avanzando como país y como pueblo, y que ha florecido en una conciencia común y ha fructificado en esfuerzos concretos hacia la superación de la pobreza y de la violencia misma.


El potencial humano de los colombianos es más valioso que las riquezas escondidas en su suelo; lamentablemente debemos reconocer que este potencial pareciera funcionar más cuando se actúa a título individual que cuando se hace menester trabajar en comunidad.


En el Centro de Fe y Culturas, CFC, si bien estamos lejos de semejarnos a esa comunidad que fueron construyendo los primeros cristianos, estamos seguros que el Espíritu de Dios sigue estando presente en las pequeñas experiencias  de vida comunitaria que se dan a lo largo y ancho del territorio nacional. Ejemplo de ellas son las organizaciones a las que pertenecen los cientos de miles de campesinos que, a pesar de haber sido desplazados de su territorio, son capaces de hablar de reconciliación, de perdón y de  paz. 


Aún hay mucho que transitar, pero mantenemos la fe firme y la esperanza de que un mundo mejor es posible.


*Miembro del CFC