Columnistas

Oso y redundancia
Autor: Sergio De La Torre
3 de Junio de 2012


Cada vez que jugamos mal y perdemos, improvisamos la correspondiente disculpa, olvidando que mientras más se encubra el fiasco más evidente se hace.

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En nuestro abundante repertorio de imposturas y simulaciones nunca faltan los falsos consuelos para mitigar el ridículo a que somos tan dados. Cada vez que jugamos mal y perdemos, improvisamos la correspondiente disculpa, olvidando que mientras más se encubra el fiasco más evidente se hace. Y con la derrota le sucede a las naciones lo mismo que a los individuos. Si ella no se refleja, por ejemplo, en el ánimo abatido, se delata en la mirada y hasta en el caminado. En lugar de admitir el fracaso en las obras emprendidas sin éxito, queremos convertirlo en victoria, retorciendo toda lógica, desafiando la obviedad y la  sindéresis. Y si, en la imposibilidad de negar la realidad, algo de humildad, resignación o autocrítica se nos colara por excepción, entonces decimos que en el fallido intento no ganamos ni perdimos. Como si de ahí  hubiéramos salido igual a como entramos.


La Cumbre de Cartagena, verbigracia. ¿Por qué no aceptar de plano que ella representó  el certamen más costoso e inútil de cuantos, de tal carácter, se han celebrado en América? No concurrieron todos los países, para empezar. Faltó el abigarrado, siempre ruidoso y protagónico bloque menor, que se había comprometido a asistir, encabezado por Venezuela y Nicaragua, y secundado por Ecuador. Y ello a despecho de la rendida y aparatosa visita que nuestro mandatario le hiciera a Chávez en La Habana para asegurar su participación, visita en la que fue engañado con una promesa falsa, de aquellas que todo el mundo le conoce al coronel y nadie toma en serio. Las Presidentas (dicho así, en femenino, para plegarnos a la moda actual en el lenguaje) de Argentina y Brasil se marcharon a destiempo, molestas por cualquier cosa, dejando al anfitrión con la cena servida y los crespos hechos. Los temas cruciales, que interesan al continente, fueron esquivados en medio de la fanfarria: Cuba, Malvinas, y el más acuciante de todos: la urgente despenalización de las drogas heroicas en Estados Unidos, para que países como Méjico y Colombia no sigan desangrándose por cuenta del vicio que degrada a su gente mientras irriga la banca de allá con su rentabilidad enorme, razón ésta por la cual dicho vicio ominoso no se persigue ni castiga.


Pero el ejemplo patético de cómo (para no tener que reconocer que nos equivocamos en algo de cabo a rabo) distorsionamos los hechos, es el de la OIT. Ahora resulta que a Angelino, en su larga puja por la dirección del organismo, no le fue bien, ni mal, sino todo lo contrario. No conquistó el premio que tantos afanes, tiempo y dinero nos costó, pero quedó de tercero.


Óigase bien: ni siquiera de segundo, que es cuando a uno le ganan, pero en el último asalto. O sea que en la eliminatoria no clasificó para finalista. O, como diría Raimundo Angulo, quedó de primera princesa en el cotejo. Lo que para muchos equivale a nada, pero para el gobierno que patrocinó esa aventura… algo es algo.


Con todo, fuerza es admitir que el símil de los reinados de belleza (para significar que Garzón al menos alcanzó en Ginebra un escalón equiparable al de primera princesa) no carece de cierta  razón. Pues viéndolo bien, a nuestro  vicepresidente no le falta gracia y atributos físicos para ello. En lo cual hemos de ser justos y objetivos.


En materia de política exterior estamos pues avanzando : de derrota en derrota hasta el triunfo final. Y eso que falta lo de San Andrés en el Tribunal de La Haya, que de seguro será otra presea para abonarle a nuestra abnegada y muy esclarecida Canciller.




Comentarios
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Luis
2012/06/03 11:56:30 am
El jugador de poker a mala hora venido a presidente, va a lograr un gran triunfo, ser peor presidente que pastrana, ya me imagino los cocinados que aldran apenas pase a la historia como campeon de las derrotas.
jorje
2012/06/03 10:38:24 am
Buen oso!!!!!!!!.
Mario
2012/06/03 04:48:22 am
Sergio: no se extrañe del juicio de La Haya, puede ser un golpe peor de lo que nos imaginamos. En cuanto a la famosa "cumbre" debo decir: si los presidentes hubiesen oído al presidente Obama ante los industriales de la Florida en Tampa, horas antes de su viaje , se hubiesen retirado más del cuarenta por ciento. Y así no hubieran dejado con los crespos hechos...