Columnistas

Arte sin cultura
Autor: Dario Ruiz Gómez
28 de Mayo de 2012


¿Qué va a hacer el gobierno español con el desproporcionado número de museos y Centros de Cultura que se construyeron en España durante la última década?

¿Qué va a hacer el gobierno español con el desproporcionado número de museos y Centros de Cultura que se construyeron en España durante la última década? La crisis económica ha hecho aflorar el problema en sus reales proporciones: miles de empleados, decenas de curadores, contratistas de catálogos y de pagos por desplazamiento de grandes exposiciones, se han quedado en la calle. Cifras desproporcionadas de gastos de sostenimiento. ¿Qué acuerdos se tramaban bajo cuerda entre ciertos mecenas y la oficina de impuestos? Desde hace ya mucho tiempo este tipo de instituciones fue cuestionado por importantes pensadores que han exigido otra función del museo para modificar la nefasta preponderancia del espectáculo y buscar una pedagogía más certera respecto al público.


Pero nunca se tuvo en cuenta la búsqueda de ese espectador que, como dice Jhon Updike, busca la cabeza de una figura amada en el museo tal y debe pasar la vida buscando el busto y parte de los brazos en otros museos y así sucesivamente. Búsqueda infinita que tropieza con densos textos explicatorios, con gratuitas especulaciones conceptuales que terminan por impedir la visión real de la obra tal como es y tal como hemos querido que nos hable al encontrarla. A veces he tenido que madrugar para ver a gusto un cuadro que amo, antes de que el Museo del Prado sea inundado por hordas de turistas ignorantes que lo recorren sin mirar las obras, cumpliendo, mansamente, una rutina de turista. He visto en Estados Unidos museos de pequeños pueblos donde la sagacidad de un funcionario lo llevó a hacerse con un Courbet, un Cezanne, que de hecho se han convertido en patrimonio común. Pero el nefasto negocio del arte con sus juegos comerciales hinchando o desprestigiando a capricho un nombre, ha engañado a los nuevos ricos ignorantes, ha mostrado en la crisis española el verdadero alcance de una verdadera trama de negociantes inescrupulosos.


¿Cuánto dinero le cuesta al erario sostener un elefante blanco como la llamada Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela? ¿O como el Centro de Cultura de Avilés? Lo que es evidente es que la  supuesta pedagogía cultural que se ha generado desde estas pomposas edificaciones, firmadas por prestigiosos arquitectos internacionales, ha sido inexistente, porque la cultura se produce y brota en otros lugares de las ciudades y bajo condiciones, a veces adversas, buscando un diálogo que estas burocracias ignoraron. ¿Cuál va a ser la suerte de  estos desempleados de la cultura oficial? No sé si es prevención de mi parte, pero al recorrer algunos de estos museos, no solo evidencio las graves equivocaciones en sus diferentes intervenciones arquitectónicas, sino el desconocimiento del alcance de una verdadera programación crítica. ¿Crisis de la cultura, o crisis de unas burocracias culturales cuya tarea ha sido separar al arte de la sensibilidad ciudadana? Cuando se derrumbó el largo periplo de Felipe González, caracterizado igualmente por el vértigo del despilfarro, miles de burócratas quedaron sin empleo, se cerraron cientos de restaurante como hoy, la mayoría de las galerías de arte tuvieron que cerrar y los artistas dedicarse a modestos trabajos para subsistir, de manera que la historia se repite y curiosamente con los mismos protagonistas del poder.


Como respondiendo al célebre cuestionario Proust, creo que bajo estas deplorables condiciones de crisis, las gentes optarían por rescatar al gato del incendio y no al cuadro de Rembrandt.