Columnistas

La ‘Yomemandocracia’ y sus antídotos
Autor: David Roll
28 de Mayo de 2012


Dijimos hace 15 días que suele creerse que la elección de gobernantes y la toma de decisiones por mayoría vienen de la democracia griega, siendo que, en verdad, allí se elegía por sorteo y se decidía por gran consenso y hasta por unanimidad.

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Dijimos hace 15 días que suele creerse que la elección de gobernantes y la toma de decisiones por mayoría vienen de la democracia griega, siendo que, en verdad, allí se elegía por sorteo y se decidía por gran consenso y hasta por unanimidad. Giovanni Sartori, el más famoso tratadista actual de la democracia, dice incluso que los griegos despreciaban las decisiones por mayoría, aunque a veces las practicaban y que no fue sino hasta el Medioevo cuando se creó el modelo mayoritario, sólo aceptado realmente a partir de la sugerencia de John Locke, muchos siglos después. Dijimos también que hay que resignarse, porque no todos los votos eligen gobernantes ni todas las decisiones en el Congreso o los Concejos dejan a todos contentos, debido a la mayoría. Así es la democracia moderna y no se ha inventado nada mejor todavía para elegir gobernantes y hacer normas, desde que se decidió que los reyes no debían gobernar más.


Mencionamos que otro error común sobre la democracia es creer que los gobernantes son unas especies de “mandados”, que deben obedecer a los electores, y esto también es un error. Ese mandato imperativo era lo normal, pero cuando Edmund Burke dio un discurso a sus electores en 1774, diciéndoles que él no representaba sus intereses sino los del conjunto de la sociedad, fue cambiando esa forma de ver la representación. Desde entonces, se fue imponiendo la idea de que el elegido no se debe a sus votantes sino a todos, que el mandato es libre por lo tanto y no imperativo. Desde finales del siglo XIX se fue prohibiendo incluso esa representación parcial y hoy casi todas las Constituciones le dan mandato libre a los elegidos. Mejor dicho, el congresista, alcalde o gobernador electo hoy en día en el mundo, no tiene que responderle a nadie, salvo que haga algo ilegal, porque se entiende que hace lo mejor por todos de acuerdo a su razón. Una de las pocas excepciones es Colombia donde a un alcalde se le puede revocar el mandato por no estar cumpliendo lo que prometió a los electores (revocatoria del mandato). Pero esta fue una equivocación de los Constituyentes y de todos modos, no ha funcionado.


¿Cómo se controla entonces a los gobernantes si el mandato es libre? Es la pregunta que todos se hacen cuando saben de esto. La respuesta es que están los controles legales de instituciones como la Contraloría, la Procuraduría, las Cortes, o la Fiscalía; o los mecanismos para que un poder vigile al otro (el Ejecutivo al Legislativo y a la inversa). Pero, ¿y el ciudadano votante? ¿Cómo controla? Se supone que lo hace a través de los medios de comunicación (incluyendo los modernos interactivos) y de las organizaciones sociales (Ong, iglesias, sindicatos, grupos de presión). ¿Y si no se usan los primeros, ni se pertenece a los segundos? La única manera que tiene el votante de controlar un poco que sus elegidos no se descaren es elegir a los que pertenezcan a partidos políticos con cierta coherencia ideológica o programática. Por lo tanto, es mejor votar por candidatos con mayor disciplina de partido y que sean del partido cuyos planteamientos a uno le gustan y esté mejor organizado que los demás. También hay políticos buenos independientes de partidos, pero, como no hay partido que los controle ni al que castigar con el voto si sus actos son prejudiciales, el elector está más indefenso ante ellos.


Algunos se preguntarán: ¿si vivimos en esta especie de “yomemandocracia” donde el elegido más o menos hace lo que le da la gana, ¿qué diferencia hay con el sistema anterior donde gobernaban los reyes a su antojo? Y a propósito de ello: ¿cómo es que hay países donde a la vez hay democracia y reyes, como en España, de la cual tanto se ha hablado en estos días justamente por este tema? La respuesta es clara: la clave de la democracia no es sólo la representación, sino también la división de poderes, y la figura real moderna no contradice la idea del gobierno del pueblo. Esta será nuestra siguiente reflexión.


Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia




Comentarios
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JUAN
2012/05/28 10:28:27 am
Señor Roli, no enrede a la gente con tanta vuelta, la cosa es muy sencilla, en nuestro ámbito Democrático, es elegir por mayoría a un representante de una colectividad para hacer ciertas funciones ya definidas, bajo los compromisos programáticos e ideológicos de esa colectividad, por tanto, ese elegido, no es libre de cambiar el rumbo de lo trazado, se debe a sus electores, lo que ocurre y sucede es que políticos, ideólogos quieren torcer la democracia y es así, que difunden y hacen , que cuando son elegidos ya se rompe el vinculo con sus electores e incluso con la institucionalidad, que ya son independientes y libres de hacer su propio criterio, se vuelven dictadores, o sea, como lo dijeron sus amigos los griegos, implantan una OCLOCRACIA AUTOCRATICA Y PLUTOCRATICA, degeneran la Democracia, por tanto, el poder sigue siendo de la voluntad general, y bajo el Estado Social de Derecho en nuestra República para que se de una Democracia participativa e incluyente, no aceptamos eso visos dictatoriales y oclocraticos........ habitantesdemedellin@hotmail.com