Columnistas

Educar en humanidades
Autor: Hernán Mira
24 de Mayo de 2012


“Hoy necesitamos las humanidades como siempre, porque todavía precisamos cultivar nuestra capacidad de respeto mutuo, de comprensión y de compasión, y esta ha sido la contribución que las humanidades han hecho siempre a la educación”.Martha Nussbaum

“Hoy necesitamos las humanidades como siempre, porque todavía precisamos cultivar nuestra capacidad de respeto mutuo, de comprensión y de compasión, y esta ha sido la contribución que las humanidades han hecho siempre a la educación”. Martha Nussbaum.


El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012, se le acaba de otorgar a la filósofa estadounidense Martha Nussbaum. El jurado destacó su contribución a las humanidades, a la filosofía del derecho y de la política y su concepción ética del desarrollo económico. En el acta, se la señala como una de las voces más influyentes de la filosofía actual que sostiene una concepción universal de la dignidad humana y de los derechos de la mujer. Tiene el convencimiento de que quienes entienden de distinta forma lo que es el bien «pueden ponerse de acuerdo sobre principios éticos universales, aplicables allí donde se dé una situación de injusticia o discriminación». En su libro “El cultivo de la humanidad”, Marta Nussbaum plantea que el objetivo primordial de la educación debe ser crear una comunidad que desarrolle el pensamiento crítico, que busquen la verdad más allá de las barreras de clase, género y nacionalidad, y que respeten la diversidad y humanidad de otros.


“Sin una ciudadanía independiente no podemos hablar de democracia, sino de alguna forma de fascismo”, dice  en una entrevista, en la que recalca la gran necesidad de las humanidades en la democracia. Para que la democracia sobreviva, hay que capacitar a las personas para cuestionar y examinar de forma rigurosa sus argumentos y dejar la retórica. Solo si la juventud entiende cómo criticar los juicios de gobernantes, políticos, dirigentes, cómo hallar argumentos válidos, podrá sostener la esperanza de ejercer una ciudadanía independiente, sin la que no hay verdadera democracia.


Insiste en que es urgente el debate sobre las humanidades para entender mejor la capacidad de empatía, de entender la experiencia de quienes son diferentes a nosotros. Nacemos con la capacidad básica de asumir la perspectiva del otro, pero hay que desarrollarla mediante la educación. ¿Qué hacen las humanidades? Te emplazan a ocupar posiciones diferentes a las propias. Cuando lees una novela o un poema te estás entrenando en simpatía. Y si careces de este entrenamiento, ¿cómo entenderás realmente los problemas con que lidian las sociedades? ¿Cómo sabrás de qué modo una ley afectará a un grupo minoritario?, se pregunta Nussbaum.


Vale la pena, entonces, preguntarse si estamos trabajando en esa línea y qué tanta formación integral estamos haciendo; si estamos formando en la democracia cuando falta tanta y es de tan baja intensidad; si hacemos formación de ciudadanos independientes, activos, críticos y participativos; si practicamos y damos ejemplo de pluralismo; si hay políticas educativas relevantes de formación humanística. En resumen, acoger con honestidad la interpelación de Martha Nusbaum, y preguntarnos día a día: ¿cultivamos la humanidad en nuestra educación?


Coda. ¿Se está repitiendo la historia Uribe-Peñalosa en Uribe-Capriles?