Columnistas

La China en Colombia
Autor: Bernardo Trujillo Calle
19 de Mayo de 2012


No suelo hablar de temas económicos que ni me entusiasman, ni me llaman la atención.

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No suelo hablar de temas económicos que ni me entusiasman, ni me llaman la atención.  Leo algunos comentarios autorizados de buenos economistas cuando advierto novedad o si se trata de un tema polémico de actualidad que al primer párrafo atrape mi interés.  Por eso lo del TLC que embarga a entendidos y posudos que se las dan de tales, lo paso por alto.  Más ahora cuando acaba de regresar el presidente Santos cargado de noticias sobre las bondades de lo conseguido y de lo bien que nos irá en adelante, no obstante la lluvia de malas críticas que se han oído de aquellos que nada de lo hecho o por hacer del gobierno les parece útil, enceguecidos de oposición y cargados de nostalgia por el pasado inmediato.


Hay sí, tres cosas que me han puesto a pensar y, que de ser ciertas, justificarían con creces el rumboso periplo del presidente, ministros y hombres de empresa por los lejanos países, ricos todos, “milagros económicos” que le disputan palmo a palmo a los Estados Unidos su indudable jerarquía de ser la primera y la última palabra en desarrollo y poderío.  Escuchamos decir al presidente Santos que la China tiene interés en reconstruir la red ferroviaria, la navegación del Río Magdalena y la construcción del oleoducto que nos conecte con el Pacífico, incluyendo a Venezuela en el proyecto.  ¿Cuántos millones de dólares valdría semejante cosa, y quién más que una potencia como ese gigante asiático estaría dispuesto a financiar y emprender bajo el sistema de concesión, única forma viable, tratándose de un país que, como el nuestro, jamás lo haría con sus recursos propios?, sería la primera pregunta que se estará haciendo el gobierno.


Mandatarios improvidentes dejaron perder en pocos años lo que le había costado al país toda una vida de esfuerzos de distintos gobiernos.  Nunca se justificará que por el gran Río que une a Colombia no naveguen los remolcadores y barcos que hasta la década del 60 veíamos fondeados en Puerto Berrío.  Ni correr por la estrecha trocha de 90 centímetros las máquinas arrastrando hasta 20 góndolas cargadas de ganado o mercancía o pasajeros que llegaban hasta Buenaventura por una de las líneas y hasta Santa Marta por la otra. Las pésimas carreteras en permanente derrumbamiento, los altos fletes de tracto-mulas y camiones, el deficiente parque automotor de pasajeros, jamás podrán sustituir ni por aproximación, lo que abandonamos en mala hora.


La China ya está entre nosotros.  Los comercios están llenos de mercancía procedente de allá a precios imposible de competirlos:  calzado, camisería, ropa de hombre y mujer, bisutería por toneladas a precios mínimos han invadido los llamados San Andresitos y hasta los almacenes de postín venden collares, aretes, prendedores, relojes etc., tan vistosos como ordinarios que las damas lucen sin temor, pues los de oro y piedras preciosas desaparecieron del atuendo femenino por temor al atraco de maleantes que conocen de lejos la calidad de lo que van a robar. ¿Habrá en Colombia quien fabrique un par de zapatos de 10 mil pesos o una camisilla de 5 mil?  De manera que si la China se nos metió al rancho por las aduanas o por un costado y nos inundó con sus productos baratos, aceptémosle por otro lado su ofrecimiento de devolvernos río y trenes y la construcción del oleoducto que resarza lo que de seguro vamos a perder con la invasión que nos abrumará.


Hasta hace pocos años se hablaba del peligro amarillo, refiriéndose a la China.  Hoy sería una salvación.  Al país que ha construido la imponente Gran Muralla, la represa más grande del mundo y un ejército de más de un millón de soldados de terracota, hacer las tres obras por concesión, fundamentales para Colombia, sería cuestión secundaria, casi un juego.  Y si China no las hace, habrá otro u otros dispuestos a ganarse el premio: EEUU, Japón, Reino Unido, en fin.


P.S.: Condenable el atentado terrorista contra Fernando Londoño, poderoso luchador de la palabra.  Pero más que se utilice para incendiar y hacer politiquería contra el gobierno.




Comentarios
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rodrigo
2012/05/19 05:48:02 am
Profesor: bien lo dice usted: estamos invadidos de lo ordinario y no por barato puede ser mas malo. Los grandes capitales subterràneos que son fermento de la inmoralidad administrativa es lo que se va a legalizar. Acaso santos acordò con los chinos que no permitirìa el dumping y la mala calidad de lo que nos van a seguir trayendo legalmente?