Editorial

Fuentes, un mexicano universal
17 de Mayo de 2012


Fuentes, como tantos otros intelectuales y escritores latinoamericanos, llegó a simpatizar en la década de los 60 con la causa revolucionaria de los barbudos de la Sierra Maestra. Su decepción fue grande.

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Las letras hispanoamericanas están de luto por la muerte del más universal de los escritores mexicanos contemporáneos. Brillante cuentista y dramaturgo, polémico ensayista en los campos de la política como de la literatura pero, sobre todo, dueño de una obra novelística tan sólida y valorada por la crítica y por el público lector de todos los continentes, como son la del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, la del colombiano Gabriel García Márquez o la del peruano Mario Vargas Llosa. Solo que, a diferencia de estos, que conquistaron el Nobel de Literatura -en 1967, 1982 y 2010, respectivamente- a Carlos Fuentes ese honor le fue esquivo, pese a que estuvo nominado varias veces. Es muy probable que haya pesado, dentro de las caprichosas motivaciones del jurado del codiciado galardón, el hecho de que otro mexicano, el gran poeta Octavio Paz, lo había recibido en 1990. De resto, tuvo todos los premios importantes: el Rómulo Gallegos en 1977, el Cervantes en 1987 y el Príncipe de Asturias en 1994.


Fuentes, graduado de la Universidad Nacional Autónoma de México y en Derecho Internacional en el Instituto de Altos Estudios de Ginebra, fue un intelectual de alto vuelo, cosmopolita y gran viajero, dominaba el francés y el inglés casi como su lengua nativa, y aun cuando incursionó en la diplomacia y en algún momento lo tentó la política, su vocación definitiva fue por la escritura, a la que se dedicó desde muy joven, consiguiendo a los 26 años la publicación de su primer libro, “Los días enmascarados”. Su consagración vino cuatro años después, con la novela “La región más transparente”, cuyo protagonista es la Ciudad de México, y en ella describe la llegada de los conquistadores españoles y el choque con esa portentosa civilización, la azteca, con sus grandes conocimientos de astronomía, sus sorprendentes pirámides y sus avances en agricultura y organización social. Después de aquella vinieron otras novelas no menos exitosas, como “Las buenas conciencias”, “Aura” y una de sus más famosas “La muerte de Artemio Cruz” (1962). A esta siguieron “Zona Sagrada” y “Cambio de piel” (1967) y la que sus críticos califican como la “más ambiciosa”, publicada en 1975, “Terra nostra”, en la que se ocupa de España y su relación con las naciones conquistadas al otro lado del Atlántico.


Esas son apenas las más conocidas de una veintena de novelas, sin hablar de sus ensayos, el último de los cuales publicó hace apenas un año, titulado “La gran novela latinoamericana”. Era un escritor incansable y prolífico. Hace tres años, en la celebración de su cumpleaños No. 80, declaraba: “Tengo pocos años por delante, muchas ideas y muchas novelas a medio hacer y que quiero terminar. Por eso vivo muy aislado en Londres, con mi esposa, y escribo bastante ajeno al elogio y también a la perturbación”.


En esa misma ocasión, en entrevista a El Universal, de Ciudad de México, Fuentes volvió a reflexionar sobre un tema que ha sido recurrentemente planteado a los escritores, sobre todo desde los tiempos del “realismo socialista” de la era soviética y su versión tropical después del triunfo de la revolución cubana. “¿Cuál debe ser el compromiso del intelectual en la sociedad?”. Responde: “La primera responsabilidad de un escritor es con la imaginación y la palabra, aunque no tenga el menor compromiso político; luego existe otra cosa, que es el compromiso ciudadano: cada quien es libre para optar por tal partido o tal corriente, no es una obligación, es una decisión”.


Fuentes, como Vargas Llosa, García Márquez y tantos otros intelectuales y escritores latinoamericanos, llegó a simpatizar en la década de los 60 con la causa revolucionaria de los barbudos de la Sierra Maestra. Muy pronto se decepcionó del rumbo que tomó esa revolución, y desde 1971, a raíz del encarcelamiento del escritor cubano Heberto Padilla y su esposa, la poetisa Belkis Cuza Malé, por supuestas “actividades subversivas”, Fuentes se convirtió en uno de los más acerbos críticos del régimen castrista. En un artículo de esa época, escribió: “Soy mexicano y no puedo desear para mi país ni el ‘diktat’ de Washington acerca de cómo conducir nuestra política exterior, ni el ejemplo cubano de una dictadura sofocante, sin prensa, opinión, disidencia o asociación libres”. Eso explica que la prensa oficial cubana apenas sí diera un breve registro noticioso de su desaparición.




Comentarios
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rodrigo
2012/05/17 06:16:08 am
La coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace es un ejemplo del gran escritor.