Editorial

La apuesta francesa
8 de Mayo de 2012


Una mayoría precaria resolvió apostar al promeserismo del candidato socialista, que ofrece crecimiento y empleo pero no ha dicho cómo hará el "milagro". Ojalá el sueño no se les convierta en pesadilla.

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Por muy estrecho margen, el saliente presidente Nicolás Sarkozy cedió el poder al socialista François Hollande, el flamante nuevo presidente de la República Francesa, que pone fin a 17 años de sequía de poder para la izquierda, luego del doble mandato del presidente François Mitterrand, entre 1981 y 1995.


Escrutado el 99% de los votos, el ganador sumaba el 51.67% (17.8 millones de votos); Sarkozy el 48.33% (16.7 millones), mientras que la abstención fue de casi el 19%, y los votos en blanco, en cifras absolutas, fueron 2,1 millones, lo que quiere decir que solo la tercera parte de su sorprendente votación de la primera vuelta atendió el llamado de la líder de ultraderecha, Marine Le Pen.


Para resolver a su favor el virtual “empate” del 22 de abril, el señor Hollande tuvo la suerte de contar con el apoyo cerrado de la extrema izquierda, encabezada por Jean-Luc Mélenchon -cuarto con el 11,10% el pasado 23 de abril- de los Verdes y del Frente de Izquierda, conformado por el Partido Comunista y otros grupúsculos. Además, lo favoreció el hecho de que en las toldas de la derecha no funcionó la lógica política. Al presidente Sarkozy no le dieron el resultado esperado sus esfuerzos por atraer la votación del Frente Nacional, de ultraderecha, a pesar de que incluyó varias de las propuestas de campaña de la señora Le Pen, ni tampoco los intentos por obtener el respaldo del centroderechista Francois Bayrou (9,13% en la primera vuelta), quien anunció que votaría por Hollande, rompiendo la tradición francesa de que el centro siempre tiende a apoyar a los conservadores. Claro que el señor Sarkozy le dio pie a la disculpa perfecta: “El presidente se libró en una carrera hacia la extrema derecha, en la que nosotros no encontramos nuestros valores, que son los del gaullismo, la derecha republicana y social”. En resumidas cuentas, de los ocho candidatos eliminados en la primera vuelta, cinco llamaron a votar por Hollande y los otros tres invocaron el voto en blanco.


Como corresponde a un país que es ejemplo de cultura política, una vez reconocida su derrota, el presidente Sarkozy dirigió un mensaje de unidad nacional, pidiendo para el nuevo mandatario el “respeto de todos los franceses, orgullosos de nuestra historia, siempre fieles a nuestros ideales de una Francia fuerte”. Por su parte, en su primer discurso como presidente electo, Hollande fue igualmente deferente: “Sarkozy ha sido presidente de Francia durante cinco años. Merece nuestro respeto. El cambio que os propongo debe estar a la altura de Francia, de su historia y de su ambición nacional. Seré el presidente de todos los franceses”.


Lo que viene para Francia y para Europa en su conjunto -dado su notable liderazgo de siempre y especialmente en la actual crisis, de la mano de Alemania- es muy incierto. Aunque no nos inspiró una especial simpatía durante sus cinco años de gobierno, de todas maneras todo acontecimiento en el escenario político internacional que comporte un triunfo para la extrema izquierda nos parece un retroceso de consecuencias imprevisibles.


Sarkozy no solo predicó la austeridad y el control del gasto fiscal como punto de partida para salir de la crisis en Europa, sino que lo puso en práctica en su propio país y por eso es uno de los menos golpeados, conservando niveles de bienestar social que otros perdieron hace rato. Para conseguirlo tuvo que tomar, por supuesto, medidas impopulares. Por ejemplo, elevar de 60 a 62 años la edad de jubilación para salvar el deficitario sistema de pensiones, y reducir los costos laborales para mejorar la competitividad de las empresas.


Hay que decir que las medidas de austeridad son una política impuesta por las circunstancias y no un capricho de los gobernantes serios. Una mayoría precaria resolvió apostar al promeserismo del candidato socialista, que ofrece crecimiento y empleo pero no ha dicho cómo hará el “milagro”. Ojalá el sueño no se les convierta en pesadilla.




Comentarios
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rodrigo
2012/05/08 05:12:32 pm
La historia universal y la local ha demostrado con munificencia que la reelecciòn de cualquier jaez, es perniciosa. Bien que saliò sarkosy a cuidar su manceba.