Palabra y obra

Eduardo Manet: “Democracy is my only intimate truth”
Eduardo Manet: “La democracia es mi única verdad íntima”
Autor: Sergio Esteban Vélez
28 de Abril de 2012

Eduardo Manet, escritor cubano, es en la actualidad el presidente del Consejo Permanente de Escritores de Francia

 

Irmell Jung

 

Aunque hoy en día su anticastrismo es menos beligerante que en otros tiempos, Eduardo Manet no deja de denunciar los abusos del autoritarismo que les tocó sufrir a él y a otros grandes autores que tuvieron que partir


- Uno no puede conversar con usted sin preguntarle por sus grandes amigos...


“En literatura, lo fue especialmente Alejo Carpentier*, que era como un hermano espiritual. Nicolás Guillén*, el poeta negro de “Songoro cosongo”. Álvaro Mutis, de Colombia, a quien adoro. No sé cómo esté él ahora, ni su compañero”.


- ¿Cuál compañero?


“Gabo”.


- A propósito de García Márquez, ¿qué piensa de él?


“Pienso de verdad que es un gran escritor. Nadie se lo puede quitar. Se benefició mucho de su amistad con Fidel. En un momento dado, Fidel dijo, borracho, en una comida, que Gabriel García Márquez le debía a él el Nobel.  Es cierto que en ese momento los jurados del Nobel eran demasiado de izquierda, pero eso no quita que Gabo sea un gran escritor”. 


- Hay otro gran escritor colombiano en México que es Fernando Vallejo.  ¿Lo conoce?


“Sí, por supuesto. Es curioso que se vayan de Colombia: ellos en México; Juan Gabriel Vásquez, en Barcelona, y tú, por ejemplo, estás aquí (Montreal). Los colombianos dejan Colombia, pero quizás regresen, si Santos se convierte de verdad en el presidente que logre que por lo menos ya no haya esos guerrilleros espantosos que se habían convertido en guerrilleros mafiosos. Si eso se calma, ¿por qué no? Colombia es un gran país”. 


- ¿Ha oído hablar de William Ospina?


“No”.


- ¿Qué piensa de aquellos intelectuales colombianos que se quejan de “falta de garantías democráticas en Colombia” y al mismo tiempo aplauden con veneración a Fidel Castro?


- (Señala con el dedo una mesa donde reposa la edición de la revista Time, con el presidente Juan Manuel Santos en portada) “Esas son las extrañas cosas de la personalidad humana. Time Magazine acaba de decir que Santos va a ser uno de los mejores presidentes de América Latina...  Pero, en primer lugar, es cierto que el gran García Márquez es el íntimo de Fidel y, a partir de eso, quizás los escritores colombianos piensan que si son amigos de Cuba, tendrán el Nobel un día, mientras no se lo han dado a quien se lo merece mucho, mucho, mucho, que es el gran poeta Álvaro Mutis”. 


- ¿Si usted era tan de izquierda, por qué dejó la Cuba de Castro?


“Yo volví de mis estudios en Francia, en el sesenta, y me lo dieron todo.  Dirigir el Teatro Nacional, hacer cine, tenía radio y televisión.  Pero yo veía que Fidel iba cada vez más hacia la Unión Soviética, y cuando él aceptó la llegada de tanques rusos a Praga, yo decidí que no podía quedarme más en el país y callarme la boca. Y abrir la boca era terminar en prisión, como le pasó, un poco más tarde, al poeta Padilla*.


- En esa época, usted era buen amigo de Alicia Alonso*. Incluso, como cineasta, realizó una película sobre ella...


“Sí, se llamaba ‘Alicia’ y era un homenaje a ella. Cuando me fui de Cuba, le quitaron mi nombre. Y cuando eso fue denunciado por un periodista del New York Times, entonces recortaron la película y la convirtieron en documentos de Alicia Alonso bailando.


- ¿Fue amigo de Lezama Lima*?


“Por supuesto. Yo era muy joven. Y Lezama Lima, entre otras cosas, adoraba a los jóvenes. El gran maestro, que era abogado, cuando terminaba su trabajo, iba a una librería donde él tenía una especie de ‘asiento real’, y ahí recibía a los jóvenes que venían a arrodillarse delante del maestro, con poemitas”.


- ¿Alguna vez fue cortejado por Lezama?


“Él prefería a mi amigo, que éramos como hermanos, Tomás Gutiérrez Alea*, que era bellísimo. ¡En Cuba, un rubio de ojos azules! Lezama Lima, encantado, ¡le decía que sus poemas eran tan buenos como los de Rimbaud!”.


- ¿Y qué recuerda de Virgilio Piñera*?


“Virgilio era otra cosa: un gran angustiado. Tuvo la mala fortuna de ser mal traducido al francés. Los críticos franceses decían que él era un imitador de Ionesco, ¡pero él empezó antes que Ionesco!


Virgilio vivía muy angustiado y en un momento pensó dejar a Cuba, cuando hubo una gran persecución a los homosexuales contra la cual luchó hasta el supermacho de Nicolás Guillén*. 


Un médico militar checo que se hizo muy amigo de los médicos militares cubanos me dijo que él había creado en Checoslovaquia unos campos de trabajo para los homosexuales y los ladrones, para que se convirtieran en ‘hombres de bien’, y que lo mismo hicieron en Cuba. Pero se cerró y  las cosas cambiaron. Y hoy en día, la hija de Raúl (Mariela Castro) es la gran defensora de los gays en Cuba y, el año pasado, hubo el primer matrimonio gay en Cuba, de una travesti cubana muy bella y de todo un ‘machazo’”.


- Pero, para el Gobierno cubano, no se trató de un matrimonio gay, porque ella legalmente había cambiado de sexo, de modo que fue un matrimonio heterosexual...


“¡Ah! Comprendo, de acuerdo”.


- ¿Alguna vez en Cuba le tocó ser testigo de brutalidad o abusos de los agentes del Estado contra intelectuales o artistas por el hecho de ser homosexuales?


“Yo tenía un joven actor buenísimo que era revolucionario, pero reconoció ser ‘maricón’. ¿Sabes lo que le hicieron? Lo enterraron hasta el cuello, para que los insectos lo devoraran.  Eso le hicieron, durante toda una noche, y eso que era revolucionario. Cuando regresó, se fue. 
A Reinaldo Arenas* lo metieron a la cárcel. 


El compañero del pintor (René) Portocarrero*, que era otro gran pintor (Raúl Milián), tenía tanto miedo, que ellos dos no salían de la casa.


(...) Cuando yo dirigía el teatro, si a las siete y media de la noche un actor joven no estaba, había que correr a las comisarías, y lo encontrábamos allí.  Si tenía el pelo largo o la voz delicada, iría seguro allí. 


(...) Y esas son las cosas sobre las cuales ahora Fidel Castro dice que cometió algunos errores. Enormes errores”.


- ¿Qué piensa de Silvio Rodríguez*?


“Él empezó con sus canciones de protesta, que no tenían nada que ver con la protesta. Él imitaba a los músicos americanos de protesta, pero aquellos protestaban de la situación en los Estados Unidos y Silvio no podía permitírselo y hacía entonces una protesta ambigua. Decían en ese tiempo que Silvio era gay, pero después no sé si se convirtió o cambió, y creo que ahí perdió mucho de su inspiración y de su originalidad. Él tenía una canción que a mí me fascinaba, que era ‘Unicornio azul’, símbolo gay. Silvio era tremendo”. 


- Es curioso que, a comienzos de los noventa, en el lapso de dos años, el Sida acabó con la vida de dos de los mayores escritores de Cuba, ambos amigos suyos: Severo Sarduy*, que estaba, como usted, exiliado en el París intelectual de los grandes del “Boom Latinoamericano”, y Reinaldo Arenas*, asilado en los Estados Unidos. ¿Cómo los recuerda?


“Severo era de una gran dulzura y no hablaba mal de nadie (...) Era el ser humano más humano y más divertido del mundo. Él me contaba lo que no voy a contar por respeto a su memoria (...) Pero Reinaldo, no: tenía como una especie de amargura. Él llegó a los Estados Unidos creyendo que él iba a ser el Nobel y tenía unos amigos que lo ayudaron mucho, porque sacaron sus originales de la isla; pero le hicieron mucho mal porque le hicieron creer que todos los otros escritores estábamos envidiosos de él”. 


- ¿Alguna vez ha recibido alguna condecoración del Gobierno de su país?


“¿De Cuba? Jamás. Si yo regresara a Cuba diciendo ‘mi amigo Raúl’, yo tendría todas las medallas. Pero no. En cambio, en Francia, soy oficial de la Orden del Mérito Nacional y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras”.  


- Usted es uno de los pocos que tienen la autoridad suficiente para criticar el autoritarismo, venga de donde venga. Usted no quiso regresar a la Cuba del derechista dictador Batista y, más tarde, se fue de la Cuba izquierdista de Castro...


“La democracia es mi única verdad íntima. Yo creo firmemente en que, como decía Winston Churchill, el mejor sistema es el democrático, con todos sus defectos. Y eso lo he probado con mi vida”.
* Ver lista de Personajes Cubanos (Página 38)



Una carrera de éxitos


Novelista y dramaturgo cubano, nacido en Santiago de Cuba, en 1930. De madre de origen judío y padre español (director y propietario de un periódico y ministro de Educación de Cuba).


Sus piezas teatrales han sido representadas en el mundo más que las de cualquier otro dramaturgo de su país.


A los 18 años de edad obtiene su primer galardón, el Premio Prometeo, por su primera obra de teatro.


Estudia en la Universidad de La Habana de 1946 a 1951, donde se vincula al activo ambiente cultural e intelectual cubano y trabaja al lado de Raúl Castro.


Viaja luego a París, para estudiar Humanidades. Allí, es uno de los actores de la compañía del célebre maestro de la pantomima Jacques Lecoq.


Tras la caída del dictador Batista y el triunfo de la Revolución Cubana, regresa a Cuba, en 1960, con su esposa francesa y su pequeño hijo, y se desempeña como director del Centro Nacional de Artes Dramáticas. En esos tiempos, produce varios filmes y documentales, que incluyen ‘Un día en el solar’, la primera comedia musical cubana en tecnicolor para cine.


Decepcionado del gobierno de Castro y temiendo por su propia libertad de expresión, se exilia en París, donde reside desde 1968 y continúa con su fecunda carrera como escritor.


La mayoría de su obra ha sido escrita originalmente en francés.


Entre sus novelas, publicadas por editoriales como Gallimard, Flammarion y Julliard, sobresalen "L’Île du lézard vert" ("La isla de la lagartija verde", 1992), "Rhapsodie cubaine" ("Rapsodia cubana", 1996), "D’amour et d’exil" ("De amor y de exilio", 1999), "Un cubain à Paris" ("Un cubano en París", 2009), "Les trois frères Castro" ("Los tres hermanos Castro", 2010), y "Le fifre" ("El pífano", 2011), en la cual se refiere a su antepasado el pintor impresionista Édouard Manet.


La más conocida de sus 26 obras de teatro es "Les nonnes" ("Las monjas", 1968).


Amén de las principales condecoraciones del Gobierno de Francia (país del que es ciudadano desde 1979), ha obtenido galardones de prestigio en el ámbito de los países francófonos, como el Premio Bertrand de Jouvenel (Academia Francesa, 1982), el Premio René-Praile (Festival de Avignon, 1985), el Premio Lugné-Poe (1989), el Premio Goncourt des lycéens (1992), el Premio Interallié (1996) y el Premio del Roman d’Évasion (1999).


Ha sido presidente de honor de la Feria del Libro de Limoges, presidente del Premio Les Deux Océans, destinado a escritores de América Latina, y actualmente es el presidente del Consejo Permanente de Escritores de Francia.





“Cuba ya no es el burdel de los Estados Unidos, sino el del mundo entero”

- Fidel Castro subió al poder diciendo que iba a impedir que Cuba siguiera siendo “el burdel de los Estados Unidos”. ¿Ahora, medio siglo después, cuál es el resultado?


“Ahora no es el burdel de los Estados Unidos: es el burdel del mundo entero. Yo publiqué un artículo en la revista Polka, de París, sobre un fotógrafo italiano que estuvo en Cuba y fotografió la Cuba de noche, de la gente pobre de Cuba.  Cuando vi esas fotos, quedé aterrorizado, porque se ve que es gente que ha pasado hambre. Entonces, en mi artículo, dije que cuando Raúl Castro y yo éramos jóvenes veíamos la miseria de esa gente y teníamos la idea de que, precisamente, había que hacer una revolución. 53 años más tarde, la prueba fotográfica dice que la miseria es la misma o peor que antes. 


- ¿Hay todavía en Cuba, a pesar de las peticiones firmadas en todo el mundo, intelectuales presos por no ser afectos al régimen?


“Sí, los hay. Por supuesto que los hay, y hay uno que está en muy mal estado.  Pero, de los 80, ya dejaron partir a más de 75, así que hay una mejoría.  Ahora ya lo que se hace es que no los toman presos, sino que, por ejemplo, a una señora de las Damas de Blanco, la toman durante dos días, pero no la mandan a la cárcel.  Y eso ya es un buen síntoma”.


- En el conjunto de su obra se nota una profunda nostalgia de Cuba.  ¿Ha pensado en regresar?


“En el 2001, el director de la revista de Teatro Cubano, a quien conocí en Berlín, publicó mi obra ‘Las monjas’. (…)
Pero, en el 2003, Fidel Castro se levantó de mal humor y puso ochenta personas en prisión, a lo que muchos intelectuales franceses se opusieron. Entonces, a partir de ese momento, yo, que tenía la idea de darme una vuelta por Cuba, decidí no hacerlo. Pero siempre tengo esa idea y a lo mejor un día de estos hago un viaje de turista, nada oficial, para ver a mis amigos”.