Columnistas

Visión futurista de Medellín
Autor: José Maria Bravo
27 de Abril de 2012


Hay que pensar para el desarrollo de Medellín a lo largo del siglo XXI, aspectos tan sensibles como las concentraciones de vivienda, el apremiante cordón verde, las zonas de recreación y descanso para una comunidad creciente.

Hay que pensar para el desarrollo de Medellín a lo largo del siglo XXI, aspectos tan sensibles como las concentraciones de vivienda, el apremiante cordón verde, las zonas de recreación y descanso para una comunidad creciente, con clara manifestación sobre la nueva era del ocio. De gran trascendencia y paralelamente, sobre la calidad y oportuna prestación de los servicios públicos con acceso a todas la comunidades, y la calidad del medio ambiente.


Se necesita definir en qué medida tiene que proyectarse el Tren Metropolitano y sus complementos del transporte público masivo; el papel impactante del río Medellín en el espacio público urbano; las comunicaciones terrestres óptimas del valle de Aburrá con el oriente y el occidente cercanos; la asimilación de los cambios que se darán en la mancha urbana creciente.


Posiblemente a lo largo del siglo XXI, Medellín será un nombre histórico, con huellas o marcas que trascendieron su proceso de desarrollo, como debe ser la identificación del centro histórico, su corazón, que seguirá latiendo en el parque Berrío, con novedosas características culturales y político-administrativas.


Por la esperada alta calidad de vida urbana, esta ciudad será punto de encuentro, producto de la gran actividad de todo el conglomerado urbano, que se conformará por la integración de los tres pisos geográficos: el oriente cercano, el valle de Aburrá, y el occidente cercano, con pisos térmicos diversos y complementarios.


A ello se llegará mediante la técnicamente diseñada y construida malla vial que se desarrollará al interior del valle de Aburrá y hacia los territorios vecinos, que incluirá vías de alta velocidad a cielo abierto, que se integrarán con un paisaje recuperado y embellecido.


La dinámica urbana se agilizará con el Tren Metropolitano extendido hacia los cuatro puntos cardinales, con todos los complementos de los sistemas de transporte.


Terminado el corredor multimodal del río Medellín de sur a norte, con su amoblamiento propio, y el tratamiento paisajístico desarrollado en los espacios libres públicos, se convertirá en el eje dinamizador de la región metropolitana.


El cinturón verde localizado en ambas laderas del valle de Aburrá, marcará el límite de las áreas urbanas de los municipios asentados en este valle, y llegará hasta la cima de las montañas que enmarcan el valle de Aburrá. Ese cinturón verde logrará, además, estabilizar los de terrenos con altas pendientes y contribuirá a lograr un medio ambiente óptimo para la regulación del clima y la pluviosidad, y para complementar la búsqueda de una excelente calidad de vida.


Descontaminado el río Medellín por las acciones que se vienen adelantando para su saneamiento, con la meta de lograr al menos población vegetal en su cauce, será el eje de un gran bulevar que demarcará esta fisura natural del valle de Aburrá, con su caudal incrementado por la protección y conservación de sus afluentes nuevamente con cauces descubiertos. Volverá a permitir una navegación propia de esos caudales, similar a la de hace muchos años.


Los jardines a lo largo de las riberas del río, el corredor multimodal de transportes y servicios estructurado en su totalidad, a cada lado del río, con la tecnología requerida para prestar los distintos niveles de servicio, y la ambientación ecológica complementaria, harán, con todo lo anterior, que Medellín del silo XXI sea una urbe creada y recreada para el disfrute de sus habitantes y visitantes.


El pasado nos interroga sobre la necesidad de definir con mucha atención el futuro que queremos para la ciudad deseable, proyectar las acciones hacia ese futuro previsible y no dejarlo a que llegue simplemente.