Columnistas

y, sem醘oros!
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
26 de Abril de 2012


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Básicamente, se le endilgan los dolores de cabeza de movilidad de Medellín a la saturación de vehículos y al no tener la ciudad muchas vías de segundo piso. Eso es cierto. Ahí está el foco de mayúsculos problemas de desplazamiento para los automotores, que hacen brotar “tacos” por doquier (“trancones”, dirían los habitantes de rolotania). Pero esa no es la única razón. Me parece que el Tránsito local, no ha realizado un estudio concienzudo de la semaforización reinante. Y creo que allí hay un hecho gravoso para los conductores, que termina siendo un óbice para la movilización por las vías actuales.


No se necesita un devaneo de sesos, para inferir que una buena semaforización requiere de un excelente sincronismo. Es real que una seguidilla de semáforos sin el ritmo necesario para rodar, desencadena un embotellamiento infame. Estoy pensando en el semáforo de la Avenida Las Vegas con la Calle 10, en pleno round point, mirando hacia el sur, que cuando pasa a verde para tomar la calle 10 de subida, enfrenta un inmediato semáforo que se instala en rojo, en fracción de segundos. Ahí se forma el atasco. No se piensa en la imperativa necesidad de desfogar la salida de los vehículos allí. No hay manejo de tiempos. Hay desinteligencia.


Sobre la regulación de los semáforos, se han escrito muchas páginas y manuales. Pero en nuestro ámbito, queda la sensación de que muy poco se ha aprendido al respecto. Abrir los semáforos para posibilitar la marcha, eludiendo demoras y buscando avances, es tarea irremediable. Hay criterios universales para el manejo de los tiempos de encendido de cada luz (duraciones). Las colas de vehículos delante de un semáforo (que aquí pululan), son señales de que se requiere inteligencia para articular flujos de automotores dignos de mejor suerte.


Hay normas que apuntan a que la velocidad de propagación, la da el cuociente entre la distancia del último coche al semáforo y el tiempo que tarda en ponerse en marcha el último. Parece algo rebuscado, pero esos son los apotegmas de esta materia. Lo que sí luce coloquial es afirmar que el propósito de una zona semaforizada es el de que pase el mayor número posible de vehículos, con tiempos mínimos de retención. Si ello no acaece, es porque los postes con el rojo, amarillo y verde atentan contra la circulación fluida. Y ahí nos visita el caos.


Hay una figura que se conoce como “la ola verde”, que permite una circulación profusa de vehículos, agradable y rendidora. Muestra sincronismo y refleja la anhelada continuidad, que reduce tiempos de desplazamiento y optimiza el uso de las calles. Todo se puede programar o reprogramar desde la oficina central, pero pareciera que no hay voluntad para hacerse. La gente se queja en demasía de algunas intersecciones, en donde los semáforos “vuelan la pepa”. Pero nada se hace en favor de resolver la situación desdichada.


Es menester en el estudio efectivo de esta materia, examinar la distancia entre semáforos (a veces no entiende uno, por qué hay tantas vías en donde existen unos pegaditos de otros) y si es prudente instalar algunos o no. No se puede perder de vista, que una acertada semaforización depara: orden en el tráfico, desbloqueo de las intersecciones y educación para la población. Esa onda de arranque y ese ajuste en el crucero, deberían ser analizados por los magos del tránsito, que por estos días solo se preocupan por instalar cámaras para producir y producir fotomultas.


Qué tan bueno sería que en Medellín y sus alrededores, los semáforos fueran piezas gratas, que ayudaran a desembotellar estas calles y no signos de la falta de interés por resolver una temática que es inherente a un generador de problemas de movilidad. Es cuestión de sincronismo. ¿Quién se interesará por abanderar un estudio sesudo y sensato?