Columnistas

La democracia deliberativa rompe el silencio
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
26 de Abril de 2012


La fecha no pod韆 ser m醩 significativa: el 14 de abril de 2012 (aniversario de la proclamaci髇 de la segunda rep鷅lica espa駉la en 1931), se conoce la noticia del accidente del rey Juan Carlos de Borb髇 durante una jornada de caza de elefantes

La fecha no podía ser más significativa: el 14 de abril de 2012 (aniversario de la proclamación de la segunda república española en 1931), se conoce la noticia del accidente del rey Juan Carlos de Borbón durante una jornada de caza de elefantes en Botsuana.


Hasta esa fecha, en 36 años de reinado, muy pocas personas en España -los radicales de Esquerra Republicana de Cataluyna y los separatistas de Euskadi-  se atrevían a criticar en público al rey o a lanzar arengas en su contra. Para la mayoría de españoles pesaba más su papel de árbitro de la difícil transición entre el franquismo y la democracia y su neutralización del golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, cuando se la jugó por las instituciones democráticas.


El 14 de abril marca la diferencia. Ese día, por el accidente, los españoles se enteraron que su rey estaba de vacaciones mientras el país afrontaba una de las peores semanas de la crisis económica y social que todos los días produce desempleo, cierre de empresas y rebaja de beneficios sociales. Ese día se hizo más notoria la afición real por la caza, lo que hirió la nueva sensibilidad global de respeto a los animales y de defensa del ecosistema.


Las primeras reacciones institucionales fueron tibias. La prensa informó como si se tratara de un hecho anecdótico, el gobierno guardó silencio y el partido socialista dijo que la vida privada del rey no era asunto de la gente.


Aunque la gente pensaba otra cosa. En la época pre-Internet el asunto se hubiera quedado de ese tamaño. Pero en las redes sociales y en los blogs la gente se expresó a montones, lo que obligó al gobierno a hablar para contradecirse y al partido socialista a cambiar de posición, mientras los medios de comunicación tradicionales no tuvieron otra opción que reflejar en sus contenidos la opinión que inundaba el ciberespacio, criticando las salidas en falso del rey y proclamando un sentimiento antimonárquico que no se conocía.


Ese día, como ya había sucedido en España el 12 de marzo de 2004, antes de las elecciones generales, la democracia deliberativa se hizo notar para mostrar el malestar popular. Por primera vez en la historia, un rey pide perdón; por primera vez en su historia, la monarquía española se vio obligada a disculparse con la comunidad.


Una vez más las tecnologías de información y comunicación –Internet, redes sociales, blogs y dispositivos móviles- vinieron en respaldo de la libertad de opinión y de expresión, que de otra manera no hubiera tenido canales para expresarse.


Una vez más –y esto es apenas el principio- las tecnologías de información y comunicación apoyan procesos de comunicación política que cambian el estado de cosas existente e imponen la necesidad de respetar el principio de transparencia.


Este hecho, que no ha pasado inadvertido para el mundo y del cual todos los gobernantes deben tomar nota, pone de presente la dicotomía de la globalización: mientras el mercado reduce las capacidades y competencias del Estado-nación y lanza por la borda de la historia las conquistas del Estado de bienestar, las tecnologías de la información y la comunicación le tiran un salvavidas a la democracia deliberativa para que la gente se exprese sin temores ni tapujos.


Los políticos y los gobernantes, que tampoco suelen pedir perdón, ahora lo tendrán que meditar. El silencio se ha roto. La calle y el ciberespacio son jueces implacables, cuando hay madurez y sentido de la responsabilidad. Quizás en Colombia no ocurra nunca lo de pedir explicaciones por parte de la gente o lo de pedir perdón por parte de los gobernantes. 


Pero en el mundo se ha registrado otra pequeña victoria de la democracia. Pequeña, pero victoria al fin y al cabo.