Columnistas

Una cumbre más
Autor: Jorge Arango Mejía
22 de Abril de 2012


A la postre los asuntos que predominaron fueron la ausencia de Cuba y una declaración sobre el conflicto entre Argentina y la Gran Bretaña por las Islas Malvinas, en relación con los cuales tampoco se llegó a un consenso.

Como estaba previsto, la reunión de presidentes de América, en Cartagena, terminó sin un resultado concreto. Temas fundamentales, como el de la pobreza, no se discutieron. A la postre los asuntos que predominaron fueron la ausencia de Cuba y una declaración sobre el conflicto entre Argentina y la Gran Bretaña por las Islas Malvinas, en relación con los cuales tampoco se llegó a un consenso.


Lo de Cuba no es claro. Por una parte, como nación soberana, tiene derecho a estar representada en estas asambleas. Sin embargo, el régimen dictatorial que padece, se lo impediría. La pregunta que surge inevitablemente es esta: ¿por qué en los tiempos de Stroesner, Somoza, Trujillo y Pinochet, no se impidió la asistencia de Paraguay, Nicaragua, República Dominicana y Chile? ¿Hay, acaso, dictaduras de buena y de mala familia, aceptables las primeras e intolerables las otras?


A la postre, con cambio de régimen o sin él, habrá que seguir contando con Cuba. Si los problemas se resuelven conversando, forzoso será restablecer el diálogo con esa nación.


En cuanto a las Malvinas, tarde o temprano habrá una solución negociada. Contra ella conspira el hecho de la existencia de yacimientos de petróleo en el mar, al norte de las Malvinas. Se calcula que allí hay una reserva de unos 60.000 millones de barriles, cantidad superior a todas las reservas comprobadas de Argentina y el Reino Unido.


Volviendo a la Cumbre, ¿qué dejó? Indudablemente, fue una ocasión para mostrar a Cartagena ante el mundo, o al menos, ante las Américas. Serán muchos los resultados en materia de turismo. Se consiguió, además, comprometer al presidente Obama, personalmente, en la puesta en marcha del TLC.  Ya no habrá más demoras.


Hablando de este tratado, no es hora de debatir si es conveniente o no. La oportunidad para hacerlo ya pasó. Ahora solamente queda esperar que el país pueda superar los problemas que tiene en materia de infraestructura, para que pueda crecer el intercambio comercial con los Estados Unidos. Esto, especialmente en lo que tiene que ver con las carreteras. Como no fueron  diseñadas para el tráfico que soportan actualmente, los viajes son lentos. Por ejemplo: en 1970, se venía de Armenia a Bogotá en siete horas. Hoy se gasta el mismo tiempo o un poco más.
Los ausentes no se notaron, a excepción de Cuba. Nadie echó de menos al burdo Ortega, a quien hay que agradecerle que nos haya ahorrado el disgusto que causan sus declaraciones generalmente groseras y desatinadas. Tampoco hizo falta Correa. En cuanto a Chávez, justificada razón tenía para no concurrir: primero está su salud.


En sí, pues, la reunión de presidentes no produjo fruto. En cambio, la de empresarios que se realizó simultáneamente, sí dejó la esperanza de  aumentar la inversión extranjera en Colombia.


Hay que reconocer que el presidente Santos sale, en últimas, ganando. Por ejemplo, el TLC, una de las criaturas consentidas de su antecesor, quedó como suyo. Y superó el incidente con Cuba, en forma decorosa.


Dicho sea de paso, la controversia Uribe y Santos ha comprobado una vez más el acierto del refrán: “Cuando las comadres pelean, salen las verdades.”  Uribe ha reclamado como un mérito suyo, de su exclusiva propiedad, la elección de Santos: ha dicho, sin ambages, “yo lo elegí.” Es digna de elogios esa sinceridad, aunque sea extemporánea.


Comentario adicional: Julio Comesaña, uno de los mejores entrenadores de  fútbol, dio unas declaraciones sobre la inconveniencia de la convocación de algunos jugadores, como parte de la preparación para los partidos contra Perú y Ecuador. Tenía todo el derecho de hablar. Sin embargo, Luis Herberto reaccionó airadamente, como si hubiera sido atacado. Conducta inexplicable, porque los comentarios de Comesaña nada tenían que ver con los pecados de Bedoya, por ejemplo, sus dolosas transacciones. De todas maneras, con su mal genio el inefable Bedoya no conseguirá que Colombia clasifique. Nuestra selección no estará en Brasil 2014. Allá irán solamente los dirigentes ineptos que han arruinado el fútbol colombiano. Por dentro seguirá la procesión de negocios turbios, que siempre terminan cubiertos por el manto de la impunidad. Lo he dicho y lo repito: mientras este deporte no se libere de todos los Luis Herbertos, no irá a ningún Pereira.