Columnistas

“Educación incluyente”: verdades y mentiras
Autor: Alejandro Garcia Gomez
20 de Abril de 2012


“Que personas con y sin discapacidad compartan la misma aula de clase no es garantía de inclusión ni de calidad, pues las garantías de educación especial no se cumplen”

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“Que personas con y sin discapacidad compartan la misma aula de clase no es garantía de inclusión ni de calidad, pues las garantías de educación especial no se cumplen”, afirma doña Rosa Inés Gómez, madre de un joven discapacitado, y según el periodista ella agrega: “la ley que obliga a cualquier institución a recibir a un discapacitado es un saludo a la bandera, un gesto protocolario”, (EL MUNDO, 30.III.12).


Además de su obstinada persistencia en el decreto educativo de promoción automática en evaluación de secundaria y media, el 230/02, sólo levantado en la agonía del segundo mandato de Uribe, una de las causas en el retroceso de la calidad educativa, otro fracaso de la ex ministra de Educación Cecilia Vélez, fue su preconizada “educación incluyente”, un sofisma vestido con ropajes democrateros, manipulado con el sentimiento humanista de la solidaridad, lanzado al país entre el resonar de los bombos y platillos de los medios de comunicación, bajo la indiferente mirada de los colombianos, adormecidos por algún truculento escándalo similar al del hijo escondido de Galán, o por uno o tres  goles a favor o en contra de nuestra selección de fútbol.


Hoy vemos que, desafortunadamente, quienes con razones nos oponíamos a ese esperpento sofístico teníamos razón. Decíamos en su momento, en esta misma columna, que lo que verdaderamente se buscaba entonces era abaratar los costos educativos como una nueva genuflexión ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) a causa de otra humillación llamada préstamo, para terminar embolsillado en el saco de la corrupción.


Hace siete años, en uno de mis doce, o más, cursos del colegio, había una niña sordomuda en grado VI, muy inteligente y muy apoyada por sus padres, entre mis más o menos 450 estudiantes. No recuerdo la cifra exacta, pero el número siempre oscila entre esas cantidades o más. Por razones familiares, conozco algo el lenguaje de las señas. Cuando me dirigía a ese curso de 45 estudiantes, yo siempre tenía presente el caso. Su madre nos había comentado a sus profesores que la niña era muy hábil para leer los labios y nos pedía que, primero, habláramos siempre de frente a la clase, no de espaldas o frente al tablero; y segundo, que procuráramos vocalizar lo mejor que pudiéramos y que habláramos más lento. Yo trataba de seguir las instrucciones, pero a veces, por algún motivo –la pasión por algún tema o la demostración ante el tablero u otro- lo olvidaba. Al terminar, si mis ojos lograban cruzarse con los de ella, caía en la cuenta de que la había “embarrado”; debía empezar nuevamente, entre el cansancio callado de sus compañeros, hablándoles a todos para que ella no se incomodara, porque era de excepcional delicadeza. ¿Cuántas veces dejaría de caer yo en la cuenta de mi error? Similares experiencias las he escuchado de otros compañeros maestros.


El mismo término, (Educación) “incluyente”, es de un refinado cinismo. De las 450 instituciones educativas con las que cuenta Medellín, la mayoría debería contar con personal capacitado al efecto, simultaneo con el de las otras disciplinas. La Secretaria de Educación de Medellín, Luz Elena Gaviria, afirma que la Administración “no podría tener una persona especializada en cada sede… (sino que) ubicamos los recursos donde hay más necesidades” (Ibíd.). Y John Mario Garavito, rector de la antes conocida como Escuela de Ciegos y Sordos, del Barrio Aranjuez, antaño especializada sólo en la educación de estas personas, afirma que “lo único que hace la entidad territorial es facilitar un intérprete del lenguaje de señas para las clases (¿uno solo para todos los cursos?), el transporte de los alumnos y los módulos lingüísticos, que es el material con el que los adultos enseñan el lenguaje de señas a los niños” (Ibíd.). Sobran comentarios.


Nota.- ¿Por qué ni Avianca ni otra compañía aérea establecen vuelos directos Medellín-Pasto y viceversa a pesar de la inmensa “colonia” antioqueña en la capital de Nariño?




Comentarios
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alejandra
2012/04/20 07:27:23 am
Buenos dìas, Excelente columna ya que al fin alguien toca el tema de la calidad y las aulas flexibles. Con respecto a la inclusiòn en las aulas esto es una falacia que va en detrimento de los niños y niñas que se frustran al no recibir la atenciòn y las estrategias necsarias para su estilo de aprendizaje. Empezando por que hay municipios en Antioquia donde los salones albergan hasta 62 estudiantes en climas calidos y sin la mejor infraestructura. Es claro que el maestro de hoy debe poseer otras competencias que los de hace decadas, pero se le estan dando las herramientas para que `pueda dar respuesta a los requerimientos de una poblaciòn estudiantil heterogenea. Feliz dia.