Columnistas

“Lo que hay que decir”
Autor: Mario Arango Marín
14 de Abril de 2012


Este es el título del más reciente poema (4-IV-2012) del Nobel de Literatura de 1999, Günter Grass, el cual viene desatando feroces reacciones por parte del sionismo y sus coadjutores.

Este es el título del más reciente poema (4-IV-2012) del Nobel de Literatura de 1999, Günter Grass, el cual viene desatando feroces reacciones por parte del sionismo y sus coadjutores. El escritor de 84 años, al romper la ley no escrita en Alemania acerca de evitar críticas al estado judío, reprocha reciamente la participación alemana en su armamento y el “presunto derecho a un ataque preventivo que podría exterminar al pueblo iraní». El artista casubo-alemán (Dánzig, actual Polonia) alude concretamente al próximo suministro de un submarino de fabricación alemana -el sexto-, desoyendo las denuncias de ONG internacionales de que es susceptible de ser equipado con cabezas nucleares. Con «Lo que hay que decir», el autor de «El tambor de hojalata», una obra antinazi llevada al cine, no se amedrenta frente al tabú del antisemitismo y tiene claro que el estigma indeleble del Holocausto no puede seguir siendo un bozal.


El autor de «Pelando la cebolla», su autobiografía de 2007, se atreve a decir lo que muchos callan y rompe la regla alemana de la absoluta cautela frente a la cuestión judía. Se asombra de que «en un país democrático, en el que rige la libertad de prensa, impera una cierta obligación a defender una misma línea de opinión y la renuncia a abordar siquiera el contenido, las cuestiones» que plantea su texto. De nuevo, el niño del tambor de hojalata emite un grito para denunciar, en el nuevo poema, el «creciente potencial nuclear» de Israel, que «pone en peligro una paz mundial ya de por sí quebradiza», y que se mantiene «fuera de control» e «inaccesible a toda inspección». “El silencio generalizado sobre este hecho, al que se ha subordinado mi silencio, lo considero una mentira inaguantable”. Es hora de impedir que impunemente se lancen “ojivas destructoras a un sitio donde la existencia de una sola bomba no ha sido probada”.


Grass reniega de “esos viejos tópicos”, de que por sus “crímenes muy propios”, Alemania “sea una y otra vez atrapado” y deba entregar, “sin esfuerzo como reparación”, un nuevo submarino a la otrora víctima del nazismo, victimaria hoy en la Nakba.  “Y confieso: ya no me callo, porque estoy cansado de la hipocresía de Occidente”. Ese “baldón imborrable” no puede seguir siendo un óbice para desligarse de complicidades. Llegó el momento de exigir, así sea “envejecido y con mi última tinta (…), la renuncia a la violencia a los promotores del peligro visible”. También, de insistir “en que un control ilimitado y permanente del potencial atómico israelí/ y de las instalaciones atómicas iraníes/ por una institución internacional/ sea permitido por los gobiernos de ambos países”.