Columnistas

Negro y oro
Autor: José E. Mosquera
13 de Abril de 2012


Hace poco, la editorial Grijalbo reeditó el libro Negro y Oro, Sudáfrica: magnates, revolucionarios y apartheid, del periodista y escritor Anthony Sampson (1926-2004), catalogado como uno de los mejores periodistas británicos del siglo XX.

Hace poco, la editorial Grijalbo reeditó el libro Negro y Oro, Sudáfrica: magnates, revolucionarios y apartheid, del periodista y escritor Anthony Sampson (1926-2004), catalogado como uno de los mejores periodistas británicos del siglo XX. Vivió en la década de los años 50 en Sudáfrica, en donde fue editor de la revista Druman, en Johannesburgo, y fruto de su experiencia escribió, además del texto  mencionado, Tambor: una aventura en la nueva África, Jaula de traición a la patria, el sentido común en Sudáfrica y Sudáfrica: dos puntos de vista  de desarrollo separado.


Sin embargo, de todos los libros que publicó sobre Sudáfrica, Negro y Oro es el texto que mayor trascendencia ha alcanzado, en virtud de que ofrece una visión diferente sobre la caída del régimen del apartheid y, sobre todo porque en él hace un análisis profundo sobre el papel que jugaron los empresarios blancos, las multinacionales y el sistema financiero sudafricano y extranjero en el derrumbamiento del régimen segregacionista del presidente Pieter Botha. Demuestra que más allá de las luchas de Nelson Mandela y de los otros líderes del Congreso Nacional Africano, y en general del pueblo negro sudafricano que precipitaron la caída del régimen del apartheid, uno de los grupos económicos que jugó al final un papel determinante en el derrumbe del segregacionismo fue Anglo-American Corporation, un conglomerado que controlaba en aquel momento más del 54% de la bolsa de Johannesburgo y representaba más del 30% dela riqueza de Sudáfrica.


Sus principales ejecutivos y accionistas, al igual que los de otros grupos empresariales  como  Premier, Barlow Rand, Rembrandt  y Samlam, no sólo pidieron la excarcelación de todos los presos políticos, sino acabar con la política segregacionista de los bantustanes y conceder a los negros amplios derechos políticos.


Sampson demuestra como estos grupos de banqueros y empresarios se aliaron con una serie de bancos y de multinacionales de Estados Unidos y de Europa para presionar cambios en el régimen de Pretoria. Igualmente examina las acciones que emprendieron estos empresarios y banqueros para que los parlamentarios británicos y norteamericanos y las administraciones de Reagan y Thatcher adoptaran medidas en contra del régimen de Botha.


Los bancos estadounidenses adoptaron medidas económicas drásticas que socavaron la estabilidad del régimen con el cierre de operaciones y de créditos. El boicot del sistema financiero tuvo efectos más letales para el régimen de Botha que muchas de las medidas que tomaron algunos gobiernos europeos. Demuestra cómo la refinanciación de la deuda externa sudafricana con los bancos acreedores debilitó al régimen y lo obligó a cambiar su postura frente a la segregación, debido a que la tiranía no estaba en condiciones de pagar. Por ende, si seguía reacia a las exigencias de cambios era evidente que le caerían cascadas de embargos que llevarían a la ruina al país.


El temor que tenían empresarios, banqueros e inversionistas en Sudáfrica, era que si los negros se tomaban el poder por la vía de fuerza, habría masivas expropiaciones y confiscaciones de sus bancos, empresas y propiedades y, desde luego eso explica el cambio que tuvieron al final en beneficio de los derechos políticos de los negros. Para ellos era mejor negociar pacíficamente con los líderes negros para no perder sus empresas y sus inversiones en Sudáfrica. De allí la trascendencia del pacto que puso fin al apartheid entre los líderes negros y los empresarios blancos sudafricanos, en donde los primeros controlan el poder político y los segundos el poder económico.