Columnistas

El gato de moda
Autor: Rodrigo Zuluaga
11 de Abril de 2012


El pequeño felino está de moda, se ve en el ambiente cultural de la ciudad.

El pequeño felino está de moda, se ve en el ambiente cultural de la ciudad. Que el artista lo ha prometido, que viaja de Pietrasanta a Cartagena, que de Cartagena a Medellín, que pronto será instalado en la entrada de la biblioteca, que los niños lo están pintando como se lo imaginan, que ya vienen a supervisar su montaje, etc., y las fotografías van y vienen. Es una de las tantas noticias buenas de Medellín, que la escultura de un gato, hecha por el Maestro Fernando Botero, engalanará  la entrada de un centro cultural comunitario.


Por acompañar la soledad del hombre actual perros y gatos dan la pelea. Más que el perro, el gato se ha encargado con argucias de domesticar al hombre, de sembrarlo en su casa o apartamento y hacerlo presa de sus caprichos de niño.  A más de uno he visto paralizado, obligado a no moverse de su casa por miedo a perder al felino, perder su compañía, por miedo a no hallarlo al volver o a encontrarlo endemoniado.


Siempre ha estado presente en la pintura y en la escultura. Hay un museo del gato en Ámsterdam. El escritor antioqueño Juan José Botero dijo en su “Quiero ser gato”, que este vive como pachá, come lo que quiere, retoza en los tejados, duerme el día y vive la noche. Come manjares y disfruta cojines blandos. Borges le escribió el poema “A un gato”, donde dice que su figura es silencio y tiene el hermetismo de los sueños. Al contrario, Edgar Alan Poe en el “Gato Negro” dijo que su mujer odiaba los gatos porque estos no eran más que brujas metamorfoseadas. Que son vengativos, traicioneros, peligrosos, que  atacan por la espalda.


La moda lo ha puesto en el pedestal de la memoria, como el Maestro Fernando Botero lo hizo también al donar su escultura más preciada a la recién construida Biblioteca del corregimiento San Cristóbal, la que lleva su nombre. La prensa ha dicho que el gato donado tiene “alegre semblante y cola erizada”.


La comunidad ha celebrado el acontecimiento diciendo que los ratones de biblioteca o sea los buenos lectores no sufrirán persecución alguna. El gato engalanará la entrada del centro cultural, será guardián de lectores, hará de perro fiel en vez de garoso gato, todo gracias a la magnanimidad del donante que comparte su  arte para el disfrute ciudadano.


Así el gato puesto de moda por estos días en la ciudad nos ha recordado lo merecido que es, los mimos que hay que darle, lo bueno que vive, cómo se vuelve amo y dueño de los lugares que le damos para vivir;  a cambio nos da tranquilidad,  a quien amar, a quien cuidar como un niño,  cuando éstos nos han sido negados o cuando se nos han crecido demasiado.