Columnistas

Chávez, cáncer y política
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
8 de Abril de 2012


El cáncer es una enfermedad terrible y los enfermos que la padecen son merecedores de todo respeto y solidaridad.

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El cáncer es una enfermedad terrible y los enfermos que la padecen son merecedores de todo respeto y solidaridad.  Ahora bien, desde el punto de vista de la conducta, hay maneras de enfrentarla (como ocurre con toda enfermedad grave, dolorosa y potencialmente mortal): con incredulidad, primero; luego con miedo (cada cual es dueño de sus propios miedos), y muchas veces con pánico, reacción justificables dada la humana condición y el temor atávico a enfrentar el dolor y a la muerte, inevitable final de todo final, y más aun si se trata de una muerte dolorosa.  Hay otros que toman la enfermedad con dignidad, sin aspavientos, buscando la cura o enfrentado la muerte con la naturalidad con que se asume un hecho de la naturaleza.


Hace meses el presidente Chávez viene apareciendo en las cámaras de televisión internacional y en los diarios, mostrando su enfermedad, un cáncer que se ha resistido a ceder. Se lo ha visto minimizándolo con la actitud de que por ser él nada grave podrá ocurrirle, como suele suceder a los poderosos, que en su delirio se creen  indispensables y miembros de la estirpe de los inmortales, a la que no puede ocurrirle la enfermedad y la muerte;  pero también se lo ha visto armado de camándulas y sacerdotes, pidiéndole a Dios que lo cure de su enfermedad. La imagen transmitida esta Semana Santa, en la que ruega a Dios, con voz entrecortada,  que no se lo lleve todavía, así tenga que sufrir la corona de espinas y el dolor, es la más impactante, hasta ahora, de las que se ha visto.


En Chávez, la aceptación de la muerte ha pasado de la minimización a manifestaciones de terror  e indignidad supremos. Uno no puede creer que el autoproclamado salvador y libertador del pueblo venezolano, aparezca ante el mundo con una súplica llena de temor invencible, ante un Dios y una iglesia que antes despreciaba abiertamente. Si los espectáculos ya usualmente repetidos del fervor cristiano de Chávez por su salud son ciertos, entonces Venezuela no se merece el conductor que tiene, no ya por su ideología retrógrada y agresiva, sino por su misma personalidad. Un líder que ha estado dispuesto a llevar a su país a la guerra, no puede mostrase como un cobarde frente a su propia muerte. El que dice que está dispuesto a dar la vida por su causa, no puede llorar de esa manera cuando la muerte inminente es una realidad.


Pero si lo que ha venido haciendo Chávez con su enfermedad es la utilización de ésta para ganar unas elecciones con un margen de mayoría que legitime su mandato sin necesidad de recurrir al fraude electoral, inevitable en otras condiciones, entonces es un individuo que engaña a su pueblo con el objeto de poder tener espacio político para terminar de imponer su dictadura. En un hombre que ha hecho del histrionismo una herramienta eficaz de la política, esta segunda opción no es imposible. La manipulación del dolor y el temor a la muerte pueden producir sentimientos de pesar y de lástima entre su pueblo que le asegure un tiquete ganador, neutralizando a la oposición. Inteligente pero brutalmente perverso. Pero el deseo del poder es así, más en gente como Chávez.


Ahora bien, el cáncer está ahí. Puede ocurrir que las dos hipótesis no sean incompatibles: tiene terror a morirse y quiere ganar las elecciones. Piensa que todavía tiene suficiente vida para gobernar. Pero ya el tiempo es una variable que no puede controlar, al menos no absolutamente pues la dueña de este es su enfermedad. Hay dos preguntas del millón: una,  es si la actual dirigencia venezolana tiene un plan B en caso de que la obstinación de Chávez ceda su lugar a la muerte; la segunda, es si la oposición tiene estrategias para enfrentar estos dos escenarios. Las respuestas están por verse, pero creo que la obsesión del presidente por mantener el poder, dificultará el plan B del grupo gobernante. Qué hará la oposición en este caso, es para mí un enigma todavía.




Comentarios
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Héctor
2012/04/08 02:59:58 pm
Que artículo tan mal intencionado, para la prensa y para un columnista que debe ser más objetivo, lo decian los abuelos: " es que mijo todo tiene solución en la vida, lo unico que no tiene solucion en la vida es la muerte".