Nacional

The process continues
El proceso continúa
3 de Abril de 2012


La entrega de los 10 militares no es el fin de la era del secuestro en Colombia. Se calcula que más de 600 personas continúan en poder del grupo armado.


A la izquierda, el policía Jorge Trujillo Solarte, y luego el sargento del Ejército Nacional, Luis Alfonso Beltrán, acompañados del cuerpo médico para su primera revisión.

Luisa Fernanda Toro
Carolina Pérez Ramírez


En 2002 las Farc elaboraron una lista de “canjeables”, eran unos 60, en la que figuraban seis congresistas, doce diputados regionales, la excandidata presidencial Ingrid Betancourt y compañera de fórmula, Clara Rojas; tres estadounidenses y decenas de soldados y policías; pero el canje no llegó a producirse. Desde entonces unos han sido liberados, otros rescatados, otros más lograron huir y los demás fueron  asesinados. Aunque más personas permanecen en la selva, plagiadas por las Farc, los liberados de hoy son los últimos en esta lista.


Los expertos


Según Jorge Giraldo, experto en conflictos y movimientos sociales de la Universidad Eafit, este es un capítulo más, relativamente idéntico a los que ha venido teniendo la guerrilla hace quince años, cuando  Manuel Marulanda dejó como punto principal de la estrategia de las Farc el intercambio de prisioneros y el intercambio humanitario.


De igual manera, Giraldo indica que “eso no ha cambiado para nada, en el sentido de que es una política de soltar a cuentagotas algunos secuestrados relativamente notables, en este caso miembros de la Fuerza Pública. La guerrilla sigue insistiendo en su propósito de lograr que el Estado colombiano pueda soltar a los presos de las Farc, que deben estar en un número muy cercano al millar y creo que eso se hizo muy evidente con el hecho de que los presos de la guerrilla pudieran ser visitados por la comisión internacional de mujeres”.


Finalmente Giraldo añadió que para las Farc mantener secuestrados es muy costoso, pero liberaciones es lo que básicamente han hecho todo este tiempo, independiente de si están débiles o fuertes.


Por su parte, Jimmy Chamorro, excongresista, explica que para él la liberación de los militares y policías representa un paso humanitario muy importante, no solo para el país, sino dentro del entorno de carácter internacional. “Que las Farc hayan tomado la decisión y aún se comprometan con no llevar a cabo secuestros de carácter extorsivo, es porque deben comprobar ante la Corte Internacional que no son un grupo terrorista y que tienen esos fines políticos que dicen”.


En contraste, Alfredo Rangel, analista político, dijo que cuando las Farc hablan de no secuestro extorsivo, dejan la puerta abierta o posibilidad hipotética para seguir secuestrando militares y policías, para presionar el canje sobre el que hacen hincapié, “así que no sería extraño que después de este ciclo tan doloroso, cuando el país ha visto que hay militares que han pasado catorce años en poder de las Farc, ese grupo guerrillero  intentara volver a secuestrar grupos de militares y de policías”.


¿Y los no canjeables?


El día comenzó temprano para los familiares de los secuestrados. Unos, los más privilegiados, vistieron su mejor atuendo para recibir a sus familiares en la sala especial del aeropuerto de Villavicencio. En cambio para otros el traje era lo de menos. Al fin y al cabo sus hijos, hermanos, padres, no están en la lista de canjeables, por eso, desde la distancia, se pegaron a sus televisores esperando que por alguna casualidad, en algún momento, alguno de los recién liberados trajera una prueba de supervivencia.


“Nadie sabe lo que significa ver esas liberaciones y saber que su hija no está ahí, que nunca ha sido un secuestrado importante ni para las Farc ni para el Gobierno”, dice Dolly Castañeda mientras observa la salida de los helicópteros que trajeron a la libertad a los diez uniformados.


Fue hace 14 años y 6 meses que el grupo armado se llevó a su hija Rut Beatriz Castañeda, que para ese entonces tenía 27 años y estaba cursando el doctorado en psicología. De los detalles del secuestro se supo poco. Solo que en algún punto de la carretera entre Medellín y Santa Rosa de Osos el frente 34 de las Farc retuvo el carro en el que viajaba.


Eso le dijeron a Dolly los testigos y lo confirmó un día después de la desaparición, el 16 de octubre de 1997, cuando recibió una llamada en la que el grupo le pedía una fuerte suma de dinero por la liberación.


Desde ese entonces Dolly la tiene presente en sus discursos y oraciones y fotos y camisetas y pancartas que la acompañan hasta en el último rincón de su casa y de su oficina. “Y seguirán ahí hasta que llegue”, dice la mujer.


Así como Dolly solo en Antioquia otras doce personas continúan retenidas por las Farc, entre ellos cuatro militares. Amparo Sánchez, representante de la línea fundadora de la Corporación Madres de La Candelaria dice que tal vez el olvido se deba a que no fueron retenidos en tomas grandes, sino que fueron privados de su libertad uno a uno.


Amparo muestra uno de los afiches en el que se ven las caras de Johanny Alexis Martínez y Andrés Rolando Quintero. Ambos lucen los uniformes de gala del Ejército, el día en que izaron bandera. Ninguno hace parte de las listas.


El fenómeno es común. Tanto así que Piedad Córdoba, la exsenadora colombiana que impulsó las liberaciones de los secuestrados, insistió que la próxima etapa del proceso será el de consolidación de cifras para saber cuántos son los secuestrados que siguen en poder de este grupo insurgente. Algunos afirman que son casi 600.


Dolly Castañeda no pierde las esperanzas. Espera que ahora que se acabó el show, y que ya no queda ninguno de esos secuestrados que estaban en listas de canjeados, comience otro proceso en el que le devuelvan a su hija. Los demás familiares de secuestrados la apoyan, esperan visibilizarse. Mientras tanto se imaginan el día en que de uno de esos helicópteros vean bajar a los suyos.