Columnistas

Llegaron las Iberbibliotecas
Autor: Iván Guzmán López
3 de Abril de 2012


El 22 de marzo de 2012, en el Parque Biblioteca San Javier, se firmó el acuerdo intergubernamental para dar vida al programa “Iberbibliotecas”, que tendrá presencia en México, España, El Salvador, Ecuador, Chile y Colombia.

El 22 de marzo de 2012, en el Parque Biblioteca San Javier, se firmó el acuerdo intergubernamental para dar vida al programa “Iberbibliotecas”, que tendrá presencia en México, España, El Salvador, Ecuador, Chile y Colombia,  esta última, representada específicamente por Medellín. La iniciativa, liderada por la Secretaría General Iberoamericana, Segib, que cuenta con el apoyo técnico del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, Cerlalc, busca, según Leonor Esguerra Portocarrero, directora de Asuntos Culturales de la Segib, “que las bibliotecas públicas de Iberoamérica puedan consolidarse como verdaderos centros de cultura, pensamiento y democracia”. Según ella, “gracias al apoyo de los países miembros, se favorecerá el desarrollo de redes de bibliotecas, líneas de estudio e investigación, políticas públicas para mejorar las infraestructuras, además de extender el uso de las tecnologías de la información”.


Para Fernando Zapata López, director del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, la ya citada Cerlac, entidad que asume la secretaría técnica del programa, “esta reunión de Medellín es histórica porque da vía libre a una estrategia iberoamericana que permitirá fortalecer las bibliotecas para dar más acceso al libro, a la lectura y al conocimiento”.


Zapata agrega que “el Cerlac les va a brindar a los gobiernos el apoyo técnico necesario para que puedan tomar decisiones políticas públicas acertadas en materia de bibliotecas. En la medida en que los países tengan más bibliotecas, tendrán ciudadanos más preparados para participar en la vida democrática de sus países”.


Es claro que toda iniciativa encaminada a promover el uso del libro y las llamadas “nuevas tecnologías”, merecen todo nuestro apoyo, siempre y cuando vayan acompañadas de políticas públicas de lectura que apunten clara y verdaderamente a la formación de un ciudadano deliberativo, valga decir, aquel que se forma crítico, participativo y diferenciador de las apuestas politiqueras que sólo buscan perpetuar una clase (sea esta de derecha o izquierda), en el poder.


A las palabras de Leonor Esguerra Portocarrero hay que afirmar que las bibliotecas públicas “per se” no se constituye en “centros de cultura, pensamiento y democracia”, y mucho menos si se abandonan a la buena de Dios y no se le entrega presupuesto necesario, dotación adecuada, personal idóneo e instalaciones locativas técnicas que respondan a una definición específica de biblioteca. No se puede confundir fortalezas de cemento con bibliotecas públicas.


A Fernando Zapata López debemos acotarle que es cierto que “en la medida en que los países tengan más bibliotecas, tendrán ciudadanos más preparados para participar en la vida democrática de sus países”, siempre y cuando esas bibliotecas aporten verdaderamente a la formación democrática, civilista y crítica del ciudadano. De otra forma, la apuesta por entregar bibliotecas se puede parecer a un simple negocio, donde el libro y las TIC se convierten en simple mercancía, a tono con los nuevos bríos de la reconquista española.


Puntada final: es hora de que los planes de lectura y bibliotecas pongan sus ojos en la provincia o en las bibliotecas de barrios y de colegios (oficiales y privados). Es lamentable comprobar el estado de esas colecciones, pobres, sin desarrollo, sin procesos técnicos, sin doliente, convertidas en meros depósitos de vejeces y sin posibilidad alguna de llamarse “centros de cultura, pensamiento y democracia”.