Columnistas

La Cachita y el Papa
Autor: Alvaro T. L髉ez
3 de Abril de 2012


Los hermanos Castro Ruz, que se pueden calificar como personeros de la figura de la tiran韆 con derecho a sucesi髇, saben sacar provecho de cualquier circunstancia.

Los hermanos Castro Ruz, que se pueden calificar como personeros de la figura de la tiranía con derecho a sucesión, saben sacar provecho de cualquier circunstancia. Son mantenidos profesionales que han vivido siempre de los otros, no importa cuánto y a cuántos tengan que entregar. Han manejado la Isla como una tienda que solo puede confiarse a los de la misma familia, pues recelan de todos. Concluir que la visita de Su Santidad a los pueblos hermanos de Méjico y Cuba, tiene una u otra consecuencia, es apresurado, pero  algo debe haber en la apertura del esclavista sistema que impuso la revolución en Cuba, para que semejantes multitudes pudieran, encabezados por el mismísimo Raúl, seguir los sermones y discursos del Papa.


Ratzinger vino a rendir tributo a la Virgen de la Caridad del Cobre, la Cachita, patrona de Cuba, con ocasión de los cuatrocientos años de su aparición a tres hombres: dos indios y un esclavo negro. La imagen se había perdido tras la muerte de su dueño, quien la había recibido como obsequio de un forastero, pero solo reapareció ante los tres Juanes, los más humildes seres que podamos imaginar. Es más importante que cualquier otro bien nacional, para los cubanos esta advocación de María. La mimetizaron cuando no se podían hacer públicos los sentimientos religiosos, la volvieron mito, la negaron y escondieron, pero la siguieron venerando los cubanos, incluidos muchos de los muy materialistas miembros del Partido.


El viaje demostró que no es uno ni otro, sino el Papa, el director del catolicismo, el que congrega multitudes en torno del mensaje de amor y respeto que constituye el cristianismo. Esta vez, se vio a un hombre mayor, a ratos agobiado por la inclemencia climática del Caribe, pero en uso de la lucidez que lo hace uno de los intelectuales más importantes de la actualidad. Benedicto no posa ni habla para los medios de comunicación, sino que va directo al pueblo que lo sigue; a leguas se le nota que su fuerte no es el teatro, sino las ideas; que tiene claro en mensaje llano de Nuestro Señor Jesucristo, despojado del histérico revisionismo paulino; capaz, sin estridencias, de universalizar el concepto de cubanidad como estrategia para la reconciliación.


La decrépita figura de Fidel, augura que Cuba ingresará muy pronto al concierto de los países libres. Su Santidad ha dicho, a propósito del fíat de la Virgen, que el Padre no solo espera la libertad de los hombres, sino que parece necesitarla. Sirva entonces esta reflexión, para construir una nueva Iglesia que no pretenda imponer sino educar y formar las conciencias, para que el hombre, cada día con más acceso al conocimiento, pueda abrazar libremente la fe con todas sus consecuencias. No debe ser la inquisidora amenaza del infierno, sino la esperanza de la construcción social justa que se deriva del pensamiento de Jesús, lo que  nos lleve a militar en el catolicismo. Cuba tiene grandes necesidades, sin embargo nosotros, que somos aparentemente democráticos, podríamos oír del Papa las mismas palabras.