Columnistas

La huida del psiquiatra
Autor: Iván Guzmán López
24 de Marzo de 2012


Medio en serio, medio en broma (y la broma es asunto serio, debo decirlo)

Medio en serio, medio en broma (y la broma es asunto serio, debo decirlo), un contertulio habitual mío,  con grandes ojos asombrados como si estuviera haciendo una revelación trascendental, me decía hace poco en la “embajada de la república argentina en Medellín (léase la repostería y restaurante Versalles), que “verdaderamente el psiquiatra Luis Carlos Restrepo tiene que estar loco de atar o muy mal aconsejado para haber emprendido las de Villadiego, saltando por encima de doscientos años de vida republicana, desconociendo su propia presunción de inocencia y haciendo quedar tan mal a un ex presidente tan buen amigo como Uribe; haciendo quedar en ridículo a Colombia, una de las potencias democráticas de América y el mundo; a un aparato judicial lleno de meritorios juristas de talla internacional y a un presidente como Santos que lucha a diario por la apertura política nacional y que no reconoce perseguidos políticos o cosa por el estilo.


La plena prueba de la locura del doctor ternura (como se le nombra peyorativamente y con frecuencia al doctor Restrepo), al seguir el mal ejemplo de su amiga María del Pilar Hurtado (María del Chuzar Hurtado, le dicen sus malquerientes), es el haberse ocultado en un “país” misterioso y desconocido bajo el ala sombría de quién sabe que Richi Martinelli, y desde allí usar a sus parlantes domésticos para lanzar la proclama de derrocar al presidente Santos y la  propuesta nada original de refundar la patria”.


Algo me convenció la fina retórica de mi contertulio: realmente la huida del psiquiatra es lamentable, deplorable, triste por el mensaje que se le entrega al mundo, en el sentido de que en Colombia somos duros en el poder, pero débiles cuando de poner el cuerpo ante el juez se trata. Lamentable por lo que era Restrepo, antes de embarcarse en el embeleco de la política y la burocracia y las burdas falacias de las que se le acusan: un escritor respetado y un profesional exitoso. No en vano su producción literaria y profesional es ya abundante y debo decir que buena parte de ella, entre la que encontramos títulos como Libertad y locura (1983),  La trampa de la razón (1986),  El derecho a la ternura (1994),  La fruta prohibida (1994), Ecología humana (1996), Semiología de las prácticas de salud (1996),  El derecho a la paz: proyecto para un arca en medio de un diluvio de plomo (1997),  Ética del amor y pacto entre géneros (1998),  Memorias de la tierra (1998), Mas allá del terror: abordaje cultural de la violencia en Colombia (2002), El  retorno de lo sacro (2004), Viaje al fondo del mal (2005) y Origen del concepto de espíritu (2010), es de apreciable calidad literaria y riguroso trabajo técnico.


Mi abuelo, que era un viejo grande, hermoso e inteligente, a la manera de Whitman, solía decirme cuando mi ingenuidad de niño se dolía por la puesta entre rejas de algún caco: “¡El que nada debe, nada teme, mijo!” Si nada debes, amigo psiquiatra, ¿por qué huyes?


Puntada final: El miércoles 14 de marzo del año en curso, la Corte Suprema de Colombia dictó medida de detención preventiva contra Jorge Aníbal Visbal Martelo, por su presunta responsabilidad en concierto para delinquir agravado durante su desempeño anterior como Presidente de la Federación Nacional de Ganaderos. Inmediatamente el señor Visbal presentó su renuncia como embajador de Colombia en el Perú y procedió a presentarse ante nuestra justicia. Este ejemplo de entereza y de responsabilidad política y judicial debería ser suficiente para María del Pilar Hurtado y Luis Carlos Restrepo. ¿A quién realmente le interesa que no se presenten ante la justicia colombiana? Ummhh. ¿De quién es la mano que mueve los hilos?