Columnistas

TLC y Echavarrías
Autor: Guillermo Maya Muñoz
22 de Marzo de 2012


Florentino González, conspirador antibolivariano, santanderista, se convirtió en un propulsor del libre comercio, en los años de 1850, y se expresaba así:

Florentino González, conspirador antibolivariano, santanderista, se convirtió en un propulsor del libre comercio, en los años de 1850, y se expresaba así: “Los granadinos no pueden sostener en las manufacturas la concurrencia de los europeos y de los americanos del Norte (…). Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias (agrícolas y mineras), y abrir la puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los productos de la industria fabril” (Nieto Arteta, Eduardo, 1942, Economía y cultura en la historia de Colombia).


Por su parte el Proyecto de ley 178 de 2006 (TLC de Colombia con EEUU), pone de presente los productos que expresan nuestras ventajas: “(…) las frutas, las hortalizas, los productos cárnicos, los lácteos, el cacao, el tabaco, el caucho, los productos de la acuicultura, los maderables, las confecciones, los productos de la industria editorial, y muchos más”. ¿Cuáles? Un etcétera no es importante.


Ahora se está negociando un TLC con Israel: “Según el Ministerio de Exteriores de Israel, Colombia es uno de sus principales socios comerciales en América Latina y al que exporta sobre todo productos industriales”. Por su parte, “Hernán Vargas, ministro consejero de la legación colombiana en Israel, dijo (…) que el principal componente de las exportaciones de su país a Israel es el carbón y productos agrícolas”. (Israel y Colombia comienzan a negociar acuerdo de libre comercio, Elespectador.com, marzo11-2012).


Colombia todavía no tiene un TLC con la India, pero las palabras del embajador hindú, Riewad Warjri, en Bogotá, no dejan lugar a dudas sobre el tipo de comercio que le “conviene” a ambas naciones: “India buscará ampliar también sus exportaciones a Colombia de artículos de ingeniería, farmacéuticos y servicios TIC (tecnologías de la información y de la comunicación), así como invertir en sectores tales como hidrocarburos, minería y agricultura”. En cuanto a Colombia: “las exportaciones pueden ser diversificadas y extendidas al café y otros productos agrícolas”. (EL MUNDO, febrero 20-2012)


En cuanto a las negociones del TLC con Corea: “Corea está siendo agresivo en sus solicitudes en relación con automóviles, cinco subpartidas de autopartes, dos de llantas, cuatro de electrodomésticos y una de confecciones“. Y “Colombia ha sido particularmente insistente en (…) bienes agropecuarios para lograr mejores condiciones de acceso en banano, café, lácteos, carne de res, preparaciones de pollo y alimentos elaborados”. (Juan Fernando Rojas T, Así va el desigual TLC con Corea, elcolombiano.com, marzo 5-2012)


Por su parte, para Hernando José Gómez, “zar” del TLC con Estados Unidos, hace un llamado: “Hay que perderle el susto a  hacer negocios con Asia. A la vuelta de 50 años, el 50% del PIB global se generará allí”. Con el dinero de los demás, y los puestos de trabajo de los demás, es muy fácil invitar a la valentía.


Los Echavarrías de Antioquia, los fundadores, fueron grandes empresarios innovadores, audaces, en la producción de textiles, entre otras actividades, creadores de Fabricato y Coltejer, hoy en franca decadencia y en manos extrajeras, en desafío a las ventajas comparativas, localizadas a centenares de kilómetros del mar, en montañas inaccesibles. Florentino señalaba otro rumbo.


Sin embargo, dados las transformaciones del país, la tentación es pensar que esta familia empresarial fue atípica, una anomalía, para Colombia. Los Echavarrías debieron haber continuado como comerciantes, y no industriales, negociantes como el resto de nuestros coterráneos se autodenominan. Sin embargo, lo hicieron, y Medellín tuvo su punto más alto con las industrias creadas, entre 1900 y 1960. El gran problema, es que faltó la transformación productiva, que las nuevas generaciones empresariales no vieron necesaria, a partir de las industrias existentes, para llevar la producción industrial, en la misma rama o en otras,  a estadios de desarrollo tecnológico y productivo más elevado.


En Antioquia la industria pagó salarios diferenciales por encima de otras actividades. Por eso el sueño de los trabajadores antioqueños era trabajar en una fábrica. Ahora, todo ha cambiado, mientras predomina la inestabilidad y la precariedad salarial. ¿TLC y empleos? En los próximos años compare las estadísticas con las promesas.