Columnistas

La picaresca política
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
18 de Marzo de 2012


Jorge Villa Moreno fue un dirigente liberal, que en la década del 60 fungió de secretario de Gobierno de Medellín.

Jorge Villa Moreno fue un dirigente liberal, que en la década del 60 fungió de secretario de Gobierno de Medellín. Aparentaba ser demasiado serio, pero quienes lo trataron de cerca entendieron que era un hombre afable. Por la época de Villa Moreno comenzó a florecer en Antioquia la figura de Hernando Agudelo Villa, igualmente dirigente liberal, culto, experto en temas económicos y con un gran futuro. Lamentablemente al doctor Agudelo Villa le agradaba en demasía el aguardientico, lo que seguramente le impidió llegar a la Presidencia de la República, lugar para el cual estaba destinado por su formación. Cualquier día Jorge Villa Moreno le preguntó a otro dirigente liberal: ¿Es cierto que Hernando Agudelo está tomando tanto que, inclusive, ha tomado en serio su candidatura a la Presidencia?
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El abogado liberal Conrado Mejía Escobar fue un hombre de clase media al que le gustaba la burocracia y nunca lo ocultó. Su fortaleza política la tenía en los municipios de Fredonia y Venecia, especialmente en este último municipio donde poseía una finca de descanso. Uno de sus últimos cargos fue el de secretario de Gobierno en la administración de Octavio Arismendi Posada. Ya retirado de la vida pública, en medio de unos aguardientes, un amigo le preguntó por un epitafio para su tumba y sin pensarlo respondió: “Eso ya lo tengo definido. Mi epitafio dirá: Aquí yace Conrado Mejía. El único puesto que no intrigó”.
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El escritor yarumaleño José Mejía y Mejía, quien sostuvo la columna La Rúbrica de J. en el periódico El Colombiano por más de 40 años, contaba con gran gracia que cuando era estudiante cualquier día su profesor de Derecho Constitucional le preguntó: “Joven Mejía, usted por qué no me explica el contenido del artículo 3.° de la Constitución Nacional”. Mejía, que no había estudiado la lección, le responde: “Pero qué no entiende usted doctor de ese artículo. Yo lo veo muy claro”.
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Jorge Tobón Restrepo fue un diputado del Movimiento Revolucionario Liberal de la década del 70 del siglo pasado. Había nacido en el municipio de Andes y no tenía preparación académica alguna, aunque inteligente y agudo en sus conversaciones. En uno de los debates que se realizaron en la Asamblea de Antioquia a Jorge Tobón lo señalaron de haber acudido a una casa de empeño a que le prestaran unos pesos dejando en prenda una medalla con la cual había sido condecorado días antes. Tobón Restrepo escuchó con atención los cuestionamientos de sus colegas y cuando estos finalizaron afirmó con calma, pero enérgicamente: “Mis hijos no comen medallas”. Allí finalizó el debate.
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Al periodista León Echeverri Trespalacios, conocido como el Mono Echeverri, se le conoció por su famosa y peculiar forma de tomar licor y colarse en todos los cocteles y fiestas que celebraban en Medellín los empresarios, los gobernantes y los dirigentes políticos. Cuenta algún guasón que lo conoció, que Echeverri llegaba a esas fiestas haciéndose primero amigo de los porteros, cuando ya se los ganaba ingresaba a la fiesta pero primero para hacerse amigo de los meseros y así iba ascendiendo hasta entablar amistad con los invitados y organizadores de la fiesta, obviamente, cuando ya estaba pasado de tragos. Dicen quienes lo conocieron que toda su vida fue un buen amante del licor, pero que nunca compró un trago. Cuentan que al finalizar una fiesta organizada por un partido político, el Mono Echeverri se paró cerca al mostrador y en tono perentorio y con voz de mando pidió cuatro comidas empacadas. Un colega, un poco apenado con la actitud de Echeverri, se le acercó y en voz baja lo regañó por lo que hacía; a lo que el Mono respondió ordenando a los meseros del lugar: “Otras cuatro cajas para el señor”.