Antioquia

A library for freedom
Una biblioteca para la libertad
Autor: Juan Jose Valencia García
17 de Marzo de 2012


Diez niños que viven en la cárcel de Pedregal, hijos de las internas, podrán beneficiarse con la nueva instalación, ubicada en el patio siete.

Foto: Giuseppe Restrepo 

Dilan y su madre están cerca de la libertad, la anhelan. Mientras tanto el menor disfruta de las lecturas de su madre en el patio siete de la cárcel, rodeado de cunas y juguetes.

María Soraida trabaja haciendo cerraduras en la cárcel del corregimiento de San Cristóbal. Su tarea es ensamblar los cilindros de los seguros de las puertas, que son justo el espacio en el que entra la llave, unos muy similares a los de la reja de su celda.


En eso se la pasa de 7:30 a.m. a 4:00 p.m. Y en eso quiere trabajar cuando cumpla su pena, que termina en dos meses. Mientras tanto, el final de su jornada laboral es el momento más feliz del día.


“A las 4:00 p.m. me encuentro con mi hijo Dilan. Él vive aquí conmigo”, dice contenta. Esa misma dicha la comparten once reclusas, todas internas del mismo patio especial, donde corren sus hijos menores de tres años.


En esas celdas hay peluches, carritos, muñecos, cunas, pañales, teteros, y hojas de cuaderno con garabatos que son dibujos. En cada calabozo viven dos internas con sus hijos. El encierro huele a colonia de bebé. Y ahora todo es un poco más feliz.


Desde esta semana, esas dos horas que transcurren antes de las 6:00 p.m., cuando tienen que encerrarse en sus cubículos, podrán aprovecharlas para leer. El patio siete cuenta ahora con una biblioteca con 200 libros para niños y de crecimiento personal y espiritual.


La suerte de María Soraida, la de recobrar en pocos meses la libertad junto a su hijo, no la tiene Erica, quien fue detenida en 2009 ya con tres meses de embarazo. A la interna condenada por asesinato le falta, al menos, una pena de 14 años por cumplir de una inicial de 34.


Cuando Erica salga de prisión, su hijo, que ahora tiene dos años, será casi un adulto. “Cuando cumpla tres años y se vaya de aquí va a ser muy duro. Se irá a vivir con dos hermanas mías en el barrio Blanquizal, pero yo lo voy a extrañar mucho. Espero que tenga los mismos cuidados que tiene aquí, a pesar de estar en una cárcel”, dice la interna con una tristeza para la que quizás no haya palabras.


Érica le lee libros a su hijo. Dice que la lectura lo formará mejor, aunque no entienda exactamente por qué, cuál sea el truco de las letras en la cabeza. “A él no le gusta que yo le lea, me empieza a decir que no, pero yo siempre insisto. Yo sé que eso es bueno”.


Andrea es otra de las internas que disfruta los textos infantiles, incluso sin tener su hijo aún. La reclusa tiene cinco meses de embarazo y por eso fue ubicada en el patio siete.


“Aquí aprovecho para leerle a mi hijo en la barriga, para estimular su mente. Confío en que lo que hago desarrolle sus capacidades”, dice la mujer condenada por porte de estupefacientes. Su dicha es que en tres meses y medio, antes de dar a luz, recobrará la libertad y su hijo, libre, podrá desarrollar una inteligencia mayor que la suya.


La cárcel de Pedregal no tiene ventanas y es fría. El sol nunca es visitante. Ahora, sin embargo, su patio más iluminado es el siete, culpa de los libros. Esa es otra forma de luz, de calor.



Donación del Icbf


La colección de libros que ahora reposa en el patio siete de la cárcel de Pedregal fue donada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.


Adriana María Ospina, coordinadora de prevención del Instituto en la Regional Antioquia, asegura que lo que se pretende con la donación es propiciar espacios de encuentro entre las madres y sus hijos: "Además de enseñarles a leer, las madres deben enseñarle a sus hijos a querer leer".


Diana Carmenza Rúa, directora regional del Inpec, explica que la biblioteca entra a ser parte de un sistema de atención para los niños que viven en la prisión, que está integrado también por una guardería y una sala de Buen Comienzo.