Columnistas

Antioqueños “ricos”
Autor: Hernán Cárdenas Lince
17 de Marzo de 2012


Para entender las características que tiene el pueblo antioqueño tenemos que regresar hasta la llegada de los colonizadores españoles, quienes encontraron en esta región a muchísimos indígenas dedicados a la minería del oro.

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Para entender las características que tiene el pueblo antioqueño tenemos que regresar hasta la llegada de los colonizadores españoles, quienes encontraron en esta región a muchísimos indígenas dedicados a la minería del oro. Inmediatamente los españoles esclavizaron a los indígenas para que juntos, con otros esclavos africanos, trabajaran en las minas del precioso metal.


Su Majestad el rey de España puso un impuesto que se llamaba “el quinto real”, o sea que una quinta parte de todo el oro era de propiedad del rey de España, pero a los antioqueños, muy ingeniosos como somos, se nos ocurrió el negocio de amontonar grandes cantidades de oro y sacarlo discretamente por Turbo y venderlo a los marineros ingleses, quienes pagaban cumplidamente y naturalmente desconocían el impuesto del rey de España. Fue así como los antioqueños inauguramos lo que se podría llamar el primer “contrabando”.


Otra historia característica antioqueña fue que a mediados del siglo XIX, muy cerca de Rionegro, ocurrió algo muy curioso cuando un muy acaudalado señor de apellido Zuluaga, con miedo a las continuas guerras civiles que ocurrían, resolvió reunir sus grandes riquezas y esconderlas, al mismo tiempo que le dijo a sus herederos que él les diría en dónde encontrarlas. Pero las rarezas de esta vida hicieron que el señor Zuluaga muriera repentinamente sin alcanzar a contar su secreto. Por esos mismos años vivía un señor quien en medio de una pobreza sin remedio resolvió suicidarse ahorcándose. Decidió llevar a cabo este designio lanzando una soga por encima de una viga del techo de su casa. Cuando la soga pasó por la viga hizo caer una preciosa moneda de oro; continuó empujando la soga por la viga y cayeron enormes cantidades de monedas de oro, lo cual le permitió despilfarrar la fortuna que años antes había escondido el señor Zuluaga.


Por último quiero contar una historia curiosa que muestra las extrañas actitudes de nuestra raza antioqueña: en 1875 vivía en Medellín un rico comerciante que se llamaba don Ignacio Upegui, quien se presentó al banco de los señores Botero Arango para cobrar un cheque que le fue cubierto inmediatamente. Se fue para su casa en donde recontó el dinero y se dio cuenta que la suma estaba equivocada; regresó al banco y habló directamente con el señor José Miguel Botero y le dijo que la cantidad de dinero no estaba de acuerdo con el cheque. El señor Botero le dijo que después de retirar el dinero del banco no se admitían reclamaciones y el señor Upegui le dijo que era que le habían dado cien pesos de más de lo que era el valor real del cheque (cien pesos en esa época era una verdadera fortuna). Entonces el señor Botero, cerrando la conversación dijo: “Así sea una equivocación nuestra y a su favor, aceptamos perfectamente que usted se quede con todo el dinero”.


Próximamente escribiré un artículo sobre la historia de los bancos en Antioquia y cómo sirvieron estos para manejar las fortunas provenientes de la minería del oro.




Comentarios
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Mario
2012/03/17 04:59:55 am
Hernán: Qué agradable manera de saludar el día. Tres anécdotas muy interesantes. Siga entreteniéndonos con esa manera picaresca de contar los hechos que por intranscendentes que sean no se escapan de nuestra curiosidad. Buena esa...