Columnistas

El ejemplo suizo
Autor: Iván Garzón Vallejo
16 de Marzo de 2012


La noticia podría ser reproducida en las secciones de “Mundo loco” o “Insólito”. Se trata de la reciente negativa del 67% de los votantes suizos (1’530.000 personas) que mediante referéndum dijeron estar en desacuerdo con aumentar las vacaciones.

La noticia podría ser reproducida en las secciones de “Mundo loco” o “Insólito”. Se trata de la reciente negativa del 67% de los votantes suizos (1’530.000 personas) que mediante referéndum dijeron estar en desacuerdo con aumentar las vacaciones anuales de 4 a 6 semanas. Hace 10 años, en otro llamado de la democracia directa, ellos mismos habían desestimado la propuesta de reducir la semana laboral de 42 a 36 horas. Esta vez, lo que sería “el sueño de muchos trabajadores”, fue rechazado en Suiza por el alto costo económico que traería la medida, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. “Un voto responsable”: así fue calificada la decisión popular.


El contraste con Macondo no puede ser mayor. Acá, la discusión sobre los derechos sociales ha minimizado el impacto económico que tendría garantizar unos derechos sociales que, quizás algún día nadie podrá pagar. Y cuando se advierte que los desequilibrios pensionales pueden hacer colapsar el sistema, parecería que nadie quiere preocuparse por el mañana. Las protestas estudiantiles del año pasado, inspiradas en la romántica idea de que la educación debía ser totalmente gratuita, dieron al traste con la reforma. Todo esto sucede en un país en el que la gente se declara bastante feliz. Más aún, somos subcampeones mundiales en este pueril campeonato.


Quizás no sea casualidad que hace unos meses, un extraordinario video del programa La Línea del canal Televida, comparaba la laboriosidad de los colombianos con la de los japoneses y los suizos, precisamente, para mostrar cómo, a pesar de nuestras riquezas naturales, nuestro drama como nación está en la pobreza mental que padecemos. Según los realizadores del video, dicha mentalidad se refleja en el trabajo, en el que, se labora poco, se descansa mucho y se produce a medias. Los suizos, por el contrario, se caracterizan por su disciplina, responsabilidad y compromiso, lo que se expresa en jornadas de ocho horas reales y en la altísima calidad de los relojes, chocolates, quesos, tecnología y servicios que producen y exportan a todo el mundo.


Entre nosotros, la disciplina y la laboriosidad han ido dejando de ser valores sociales compartidos y venerados. El narcotráfico y el excesivo lugar que ha adquirido la frivolidad y la apariencia, van dejando una herencia nefasta: la idea de que se puede conseguir plata, fama o poder fácilmente, sin constancia y trabajo arduo, tan sólo con favoritismos y roscas. Es decir, sin necesidad de invertir en procesos a mediano o largo plazo. Se trata de la inmediatez de una sociedad que quiere grandes resultados sin transitar por procesos. 


Por eso, las diversas formas de ilegalidad que nos azotan, como la corrupción, el clientelismo, la violencia y el narcotráfico son tan difíciles de erradicar. Pues algunos se preguntan: ¿para qué esforzarse y trabajar arduamente durante años, si las cosas se pueden obtener pronto y fácilmente? Quienes aún piensan que cambiando las leyes o imponiéndolas a rajatabla se transformará la realidad, ignoran que mientras no cambie la cultura, las costumbres y las formas de pensar, nada va a cambiar de verdad. Aunque sigamos de fiesta en fiesta.  


Apostilla: Al elenco de presidentes –como Rafael Correa y Cristina Fernández– que presionan a la prensa que les es hostil, se sumó hace poco Juan Manuel Santos, de acuerdo con la versión de que algunos emisarios de Palacio pidieron “bajarle el tonito” a la crítica. Paradójico, pues se trata de quien quiere reunificar el Liberalismo y, presumiblemente, las ideas liberales.