Columnistas

La intocabilidad
Autor: Rubén Darío Barrientos
15 de Marzo de 2012


El presidente del Consejo de Estado, magistrado Gustavo Gómez, le dijo a la prensa que las denuncias por el carrusel de pensiones eran una “irresponsabilidad política”.

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El presidente del Consejo de Estado, magistrado Gustavo Gómez, le dijo a la prensa que las denuncias por el carrusel de pensiones eran una “irresponsabilidad política”. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrado Javier Zapata, aseguró que las delaciones “están basadas en hechos contrarios a la realidad”. ¿Por qué esa posición tan absurda, tan contra-corriente y tan desfasada de contexto? ¿Por qué no admitir que hubo corruptela en algunos magistrados del Consejo Superior de la Judicatura? ¿Por qué esa solidaridad de cuerpo y ese prurito de tapen-tapen-tapen?


No huele bien esto. Los nombramientos no tenían que ir a sala: se designaban libremente. Irrita que se hubieran presentado casos de magistrados auxiliares, beneficiados con nombramientos sospechosos (“palomitas”) y con super-salarios de $ 18 millones, en el claro objetivo de recabar jubilaciones millonarias. Veinte togados recibieron los privilegios de ser promovidos a cargos estratégicos para que sus pensiones se robustecieran. Y va uno a ver y calentaron puestos claves, en su fase final, permaneciendo entre uno y tres años de término, sólo para lucrarse en su parte pensional.


Ya aparecieron los anestésicos y distractores: tutelas por violación al debido proceso. Quieren enredar la pita y no faltan los que consideran que se desea enlodar la justicia. Algunos magistrados se refieren dizque a una jugarreta política. Otros, que nos creen bobos, hablan so pretexto de una persecución política. ¿Y la ética? ¿Y la transparencia? Es aterrador lo que está ocurriendo, sobre todo que los horrendos actores tienen puesta la sagrada camiseta de la justicia. Los venales quieren hacer jurisprudencia en causa propia. Si los que administran justicia navegan en el chanchullo, apagá y vámonos…


El abogado Néstor Raúl Correa, ex columnista de EL MUNDO, buen jurista y presidente de la Sala Administrativa del Consejo de la Judicatura, dio en el clavo: “Una pensión de $ 18 millones en este país es obscena, cuando tantísimas personas reciben apenas el mínimo”. Todo este carrusel, afrentoso y lleno de monstruosidad, tiene el tapete de los dineros públicos. La conclusión del pueblo es muy simple: si eso lo hacen los de arriba, los que están en las altas cortes, cómo será la cosa en los de abajo, en los que apenas se abren camino. Ni hablar.


Da grima ver que la justicia condena –como es su deber- pero cuando toca sus fibras, elude el impacto y actúa en la sinrazón. Olvida que su deber es ser fiel de balanza y que esta problemática es grave, en la medida en que el ruido de la trampa, le hace daño a la institucionalidad. A la paquidermia de sus ritmos, le suma ahora el ardid y la confabulación, para retratarse ante la opinión pública como un ente mancillado y que manipula para mal. Y cuando no se es cumbre moral, esa doble faz es terriblemente nociva.


Los señalamientos son indiscutibles: beneficiados, períodos en que se consumó la avivatada, pensiones infladas y escarnio público. ¿Por qué posar de intocables? ¿Por qué asumir que hecha la ley, hecha la trampa? Estamos en presencia de unas matemáticas de mangoneo, en donde los partícipes indecorosos multiplicaban por tres: la pensión de $ 4 millones, era por arte de magia de $ 12 millones y la de $ 4 millones era de $ 16 millones. El jueguito le hizo un hueco al sistema pensional de la friolera de $ 13.000 millones. A sabiendas de lo que se hizo, el país espera condenas agravadas y divulgadas en un muro de la infamia. No puede darse la intocabilidad, sino la tocabilidad. ¡Por eso, que toquen a los intocables!  




Comentarios
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rodrigo
2012/03/15 08:14:11 am
mientras que la gran mayoria de colombianos no tiene pension, otros estan con un salario mìnimo y algunos pocos del sector privado califican en un fondo de pensiones, en las altas cortes se cuecen impìas negociaciones y dolosas maniobras para favorecer una caterva de cuasiabogados.