Columnistas

Mi cárcel cibernética
Autor: Elizabeth Mora Mass
13 de Marzo de 2012


Nueva York. Desde el 21 de septiembre de 2011 vivo la más horrible pesadilla que una persona, sobre todo un periodista, pueda vivir en la actualidad.

Nueva York. Desde el 21 de septiembre de 2011 vivo la más horrible pesadilla que una persona, sobre todo un periodista, pueda vivir en la actualidad. Alguien se ha apoderado de mi identidad cibernética y me tiene casi que incomunicada, motivo por el cual ¡no puedo trabajar! Es por este motivo que esta columna no ha vuelto a publicarse. Y eso no es todo. Entre el Día de Acción de Gracias y las fiestas de fin de año, en casa recibimos ¡14 llamadas en todo el mes! porque este individuo, a través de ese virus móvil, controla la entrada y salida de llamadas y los computadores, según nos informaron ATT y Verizon. No ha valido el cambio de teléfonos, ni de computadores. ¡El ladrón cibernético se robó la cuenta maestra de Verizon y cambió la clave! Ahora necesitamos un abogado para que vaya a la corte y solicite ¡abrir la seguridad en Verizon!


Sin poder saber de nosotros, familiares y amigos se presentaron en nuestra casa, incluyendo unos parientes de mi sobrina que vive en Colombia, ya que ella les pidió que fueran a ver que nos pasaba. La sorpresa fue grande cuando nos encontraron sentados viendo televisión. Mi marido me dice: “Si estuviéramos presos tuviéramos derecho a más llamadas y tú podrías trabajar”.


Este individuo controla una docena de correos electrónicos, tres celulares y hasta el teléfono fijo de casa. Hemos contactado a la Policía del Condado de Suffolk, en Long Island, a la SIP, a la Universidad de Columbia, a la Oficina de Derechos Humanos del FBI en Washington, al FBI en Long Island y Manhattan, a la Fiscalía en Medellín. La cuenta que controla mis cuentas es www.solarmora.com.co, con sede en Colombia y protegida por Go Daddy, ubicada en Arizona, mientras que Elizabeth.moramass734963768@yourfanbox.com, con sede en San Diego, sigue mis cuentas. A su vez, Constant Contact, una empresa de promociones de Internet, con sede en Boston, es la encargada de vigilar las cuentas de mi marido. El ladrón cibernético no me deja comunicar con los medios con los cuales colaboro. Le ha puesto un bastón rojo a mi nombre para no dejarme comunicar con El Tiempo, The Associated Press, El Colombiano, EL MUNDO, El Sol News y El Noticiero Hispano Colombiano a quienes les envió noticias o comentarios. Para enviar una nota, tengo que usar un nombre ficticio y llamar al editor avisándole mi nuevo seudónimo. Además, si alguna oficina me llama para invitarme a una conferencia de prensa, o darme una primicia, el ladrón cibernético desconecta la llamada, o le pone un ruido espantoso que no deja escuchar nada. También controla mis cuentas de las bibliotecas públicas a las cuales tengo acceso y me impide enviar cualquier correo electrónico, aun a un consultorio médico.


Aparentemente este individuo es un colombiano, profesor universitario de medios cibernéticos y dueño de un medio de comunicación y está usando un APP (la herramienta que usan los medios para enviar los mensajes con las noticias del momento) para controlar todos nuestros movimientos, según afirma un veterano del Ejército de Estados Unidos, que nos ayudó el día que este hombre se robó nuestra cuenta de correo electrónico del Hospital de Veteranos. A pesar de todo lo que nos está pasando,  ha sido imposible que la policía o el FBI hagan algo por nosotros. Y digo nosotros, porque mi familia padece la cárcel cibernética tanto como yo.