Columnistas

Qué hay detrás del ataque
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
11 de Marzo de 2012


¿Qué está ocurriendo en Bogotá? ¿Hay un movimiento social y masivo de protesta por la pésima calidad del servicio, que, además, es costoso? No lo creo.

Se ha convertido en una enfermedad endémica el bloqueo de las vías, la destrucción de portales y el ataque a buses de Transmilenio.  Pero lo ocurrido el viernes es un hecho extraordinario por la violencia, el número y las tácticas de desplazamiento de centenares de personas, muchas de ellas encapuchadas. El bloqueo era un hecho anunciado, pero nadie esperaba ni la virulencia ni la organización de quienes cometieron innumerables actos de vandalismo.


¿Qué está ocurriendo en Bogotá? ¿Hay un movimiento social y masivo de protesta por la pésima calidad del servicio, que, además, es costoso? No lo creo. Las imágenes que el país vio con asombro, muestran  a un grupo organizado que delinque y provoca a la policía, que difícilmente podía controlar los desórdenes, a causa de la estrategia de generar caos y violencia  en muchos puntos y mantenerlo durante todo el día, y las tácticas usadas para replegarse, y buscar las estaciones próximas para atacarlas. Pero era evidente que no tenían el apoyo de los usuarios, algunos de los cuales compartían la protesta por el servicio, pero criticaban agriamente los métodos porque ellos eran los primeros perjudicados.


La primera conclusión, entonces, es que la protesta fue cuidadosamente organizada por un grupo que tiene estructuras de mando, con objetivos bien definidos: crear el caos y paralizar a Bogotá, y a fe que casi lo consiguen. El alcalde Petro culpa a los del Polo y éstos responden que la ciudad se le salió de las manos al alcalde, que lo que tiene que hacer es gobernar. El alcalde se lamenta también de que estos hechos se producen cuando ya él ha prometido rebajar las tarifas y crear un sistema público de transporte, como si los protagonistas de los desórdenes fueran los millones de usuarios que sufren ese sistema de transporte.


Yo lo que pienso como hipótesis es que en esas protestas hay milicianos y gente que defiende la “combinación de todas las formas de lucha”, que utilizan la problemática de Transmilenio para desestabilizar la ciudad más importante de Colombia y mostrar su fuerza a través de las imágenes, las voces y los artículos que inevitablemente tienen que referirse a estas situaciones.


No es coincidencia que estemos a las puertas de la Cumbre de las Américas, con los ojos de todo el continente puestos en Cartagena, oportunidad única para hacerse notar internacionalmente en momentos en que simultáneamente se cerca al Cauca y a Arauca para ambientar las liberaciones de nuestros policías y soldados secuestrados. Es muy preocupante  la capacidad de disturbio que tienen sus promotores y pone sobre el tapete el tema de la seguridad, en el sentido fuerte de mantener el orden constitucional, en Bogotá, o lo que es lo mismo, en las ciudades. Esta no es una fiebre que se cure con aspirinas. Si las autoridades nacionales no identifican pronto y claramente la fuente y el objetivo de este tipo de disturbios en Bogotá, podrían estar jugando con candela. Petro es el jefe de la policía de la capital. Además del diálogo social, ¿qué hará para reprimir el caos y poner en manos de la justicia a los que lo generan? Su papel será clave para el desenlace de la situación de inestabilidad que se está generando en Bogotá.


La segunda, es la fragilidad del sistema de Transmilenio. Cualquiera puede, con relativa facilidad, tomarse las vías exclusivas y los portales. Por ello es una debilidad neurálgica en la estabilidad de la capital y en el mantenimiento del orden público. Revueltas, saqueos y tomas pueden partir desde allí y afectar a toda la ciudad. ¿Qué hacer? No lo sé, pero Santos y Petro tendrán que buscarle una solución a este grave problema.