Editorial

Cuba y la Cumbre de Las Américas
9 de Marzo de 2012


Colombia debería declarar definitivamente cancelado el tema de Cuba, y que venga el que quiera venir a la Cumbre de las Américas en Cartagena.

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Resulta inconcebible que a un mes escaso de la Cumbre de Las Américas en Cartagena, donde los 34 Jefes de Estado y de Gobierno del continente deberán discutir y adoptar decisiones sobre temas tan trascendentales como la pobreza, la desigualdad, la seguridad hemisférica y ciudadana, los desastres naturales, la integración física y tecnológica y, a instancias de Colombia, reabrir el debate sobre la estrategia mundial contra las drogas, sus anfitriones todavía estemos enfrascados en un asunto subalterno y extraño a la reunión, planteado con evidente mala leche por el presidente Rafael Correa y secundado por sus socios del Alba.


Con todo respeto, pero con la franqueza que nos caracteriza, tenemos que decir que la precipitada visita del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, a su homólogo cubano, Raúl Castro, fue un error de política exterior y una audacia diplomática que a poco estuvo de convertirse en una exposición innecesaria al ridículo. Habría bastado, pensamos nosotros, con una nota diplomática o una reunión de cancilleres, en la que se explicara que después de la ardua y discreta gestión de nuestra Cancillería, el indispensable consenso no había sido posible y, en consecuencia, Cuba no podía estar en la Cumbre.


Y no puede estar, por lo que se ha explicado hasta la saciedad desde la I Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en 1994, y consignado en las declaraciones finales de las cumbres de Santiago de Chile en 1998, Quebec en 2001, Mar del Plata en 2005 y Puerto España en 2009. En esta última, pese a que ya existía el Alba, el gobierno anfitrión de Trinidad y Tobago, que sepamos, no fue sometido a la presión ni al chantaje de que hoy es víctima Colombia.


Allí estuvieron todos los de ese grupo, menos Cuba, su cofundadora en diciembre de 2004. Y Correa, Chávez, Ortega, Morales y sus adláteres, firmaron sin chistar la Declaración de Compromiso de Puerto España, en cuyo capítulo “Reforzar la gobernabilidad democrática”, numeral 78, dice: “Nuestras aspiraciones y metas para las Américas dependen de democracias sólidas, la buena gestión pública, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Creemos que la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas… Mantendremos los principios de la Carta Democrática Interamericana y la aplicaremos plenamente. Reafirmamos nuestro compromiso de fomentar la credibilidad y la confianza ciudadana en las instituciones democráticas, en particular la legitimidad de los procesos electorales, y el pleno respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales”. La conclusión es obvia: Cuba no puede estar en la Cumbre de las Américas porque no cumple ni siquiera formalmente esos estándares.


No era, pues, un capricho de los Estados Unidos su oposición a esa presencia. Sólo que la incompresible y nefasta tendencia de nuestra política exterior de “prender una vela a Dios y otra al Diablo”, nos metió en un lío del que todavía no puede afirmarse que estamos a salvo, pese al optimismo con que el doctor Santos se refiere a los resultados de las cuatro horas en que estuvo reunido con Castro y su canciller Bruno Rodríguez.


“Le manifestamos al señor Presidente Castro – dice el Presidente - que apreciamos de veras su deseo de hacer parte de esta reunión, pero que en estas circunstancias de no haber encontrado ese consenso pues es muy difícil poderle extender una invitación”. El doctor Santos debe estar muy contrariado por el desmentido que ayer dio a sus palabras el señor Rodríguez: “Cuba nunca ha pedido que sea incluida en este tipo de reuniones”, a las que descalificó diciendo que “sólo sirven para que EE.UU. consolide su poder en la región”.


Y para colmo de desaires, al ofrecimiento que le hiciera el doctor Santos al comandante Castro, en el sentido de proponer a la Cumbre de Cartagena que discuta “de manera constructiva y con altura”, la futura participación de Cuba, su Gobierno sale a decir al día siguiente que “no es aceptable que en una reunión privada entre el gobierno de los Estados Unidos y América Latina y el Caribe se trate este tema en su ausencia”. Entonces, si no estaban interesados, ¿a qué tanto barullo a través de sus socios del Alba?


Colombia debería declarar definitivamente cancelado ese tema, y que venga el que quiera venir a Cartagena.




Comentarios
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carlos
2012/03/10 07:39:29 am
Es cierto que debemos concentranos en nuestros problemas y debemos estar con EU y dejar que los otros mandatarios quieran ò no vayan ò nò. Los que reniegan son los mismos dictadores que conocemos que se perpetuaron en el PODER y que ya nò caben en esta cumbre. Santos debe darle altura al compromiso y nò preocuparse por llevar a los que nò quieren,
Luis
2012/03/09 07:54:26 am
Entiendo que la visita que Nuestro Presidentico hizo a Cuba , no fué tanto por lo de la Cumbre sino por disimular que le estaba haciendo mucha falta su mejor amigo...y debía contarle personalmente cuantos muertos ha dejado la guerrilla en los ultimos dias en Colombia y asi los dos reirse de nuestro país.. Y lo de la Cumbre. pués tiene nuestro presidentico que quedar bien con Dios y con el Diablo...
rodrigo
2012/03/09 05:28:41 am
pero cual es la bobalicada de santos. este temita definitivamente como dice El Mundo, es un periodico de ayer.