Columnistas

Piratería y terrorismo
Autor: José E. Mosquera
9 de Marzo de 2012


La cumbre en Londres sobre la crisis política en Somalia no fue la primera cita internacional en donde se ha abordado la situación que se vive en este país africano.

La cumbre en Londres sobre la crisis política en Somalia no fue la primera cita internacional en donde se ha abordado la situación que se vive en este país africano. Son más de 20 las cumbres que se han convocado desde que cayó el régimen de Siad Barre para debatir sus problemas, pero los logros han sido pocos.


La piratería y el terrorismo en Somalia son dos fenómenos que están afectando el comercio internacional por la importancia estratégica que tiene el territorio somalí para el tráfico marítimo que se mueve entre el África Oriental, el Oriente Próximo y el Mediterráneo. De hecho, la ruta que desde el golfo de Adén y el Mar Rojo une a través del canal del Suez al océano Índico con el mar Mediterráneo, se ha convertido en uno de los itinerarios marítimos más inseguros del mundo.


La piratería en Somalia es una práctica que se ha fortalecido hasta convertirse en una poderosa empresa del delito que atenta contra el tráfico marítimo internacional. Las estadísticas hablan de más de 20 mil barcos que cruzan anualmente el golfo de Adén, por donde se transporta el 30% de la producción mundial de petróleo. El año pasado 445 barcos fueron atacados por las bandas de piratas, de los cuales  53 barcos fueron secuestrados y por sus rescates se pagaron más de 170 millones de dólares.


Combatir la piratería en Somalia no es un asunto fácil debido a que se ha transformado en uno de los negocios más rentables en este país, y desde  luego,  es una actividad delictiva que involucra a tribus, clanes y subclanes. Por ende, su impacto económico, político y social es enorme en la sociedad somalí, especialmente en la región de Puntlandia de donde son oriundos la mayoría de los piratas que asolan las aguas del golfo del Adén.


La situación tiende a ser más compleja por la alianza que han pactado piratas, mercenarios islámicos y Al Qaeda, bajo el telón de intereses económicos, políticos y tribales. De manera que la intervención de tropas de Etiopia, Kenia y Yibuti con el fin de luchar contra la piratería y el terrorismo puede provocar una mayor regionalización del conflicto somalí en el Cuerno de África. Frente a este nuevo escenario, lo más seguro es que se profundice la escalada de violencia y se intensifique la inseguridad y la inestabilidad, en un país que tiene 1.4 millones de personas viviendo en campos de refugiados y cerca de 2.3 millones muriéndose de hambre.


Hace poco, se conoció un estudio de Anja Shortland, experta en Relaciones Internacionales de la Universidad de Brunei, sobre los impactos de la piratería en Somalia, en el cual revela que esa actividad delictiva ha incidido en la reducción de la inflación y se ha transformado en fuente de generación de  empleo, de incrementos salariales y de fortalecimiento de la moneda nacional.


Shortland habla que la piratería tiene un gran impacto en la construcción, en la industria y en el comercio en Puntlandia. Plantea que por esa razón es poco probable que las elites políticas de esta región y ciertos sectores de la sociedad somalí actúen de manera decidida contra la piratería. Demuestra con cifras que lo que recibieron los piratas por conceptos del pago de rescate de los barcos el año pasado fue cinco veces más que el presupuesto de Puntlandia y casi el doble de las exportaciones de ganado de Somalia, una de las principales actividades económicas del país.