Columnistas

¿Por qué reina la impunidad?
Autor: Iván Guzmán López
6 de Marzo de 2012


La ex constitucionalista Viviane Morales cometió un error gravísimo: aplicar justicia como debe hacerse en un Estado de Derecho.

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La ex constitucionalista Viviane Morales cometió un error gravísimo: aplicar justicia como debe hacerse en un Estado de Derecho. Con rigor, con valentía, llevando a los corruptos a la cárcel, sin consideración alguna, que es donde deben estar, según la ley anticorrupción y la Constitución misma. El castigo fue propiciado por una leguleyada, que propició el boquete de la interinidad de 16 meses que se venía presentando en el más alto cargo de la Fiscalía General de la Nación. A la Corte Suprema de Justicia le pareció que, ante la ausencia de 5 de los 23 magistrados de la corte, 14 votos eran suficientes para elegir a Viviane Morales. Hoy resulta que para el Consejo de Estado, se requerían 16. Es decir, 2 votos (¡invocando la legalidad!) separan del cargo a una mujer valiente, que estaba enseñando a los “varones”, cómo se aplica justicia. Por ahora, los que querían imponer un Fiscal de bolsillo, una simple marioneta, 16 meses antes de la elección de de la doctora Morales, se están frotando las manos. Por ahora, triunfan los corruptos, reina la impunidad. El presidente Santos, ante la excelente labor de Viviane Morales, tiene el imperativo moral de presentarla nuevamente en terna para el cargo, y enmendar la leguleyada. El cabeza brillante que presentó ante el Consejo de Estado la demanda de nulidad de la elección de la fiscal general (y no lo digo por su calvicie prematura), Ferleyn Espinosa Benavides, estudiante de derecho en una universidad sin prestigio, “quien sirve el café, lleva documentos a juzgados y les maneja el carro a los abogados titulares de la vieja oficina del centro de Bogotá en la que trabaja”, debió ser muy bien aconsejado por una de las manos negras de las que habla el Presidente. Los cacos y los delincuentes de saco y corbata, defraudadores del Estado, ¡se frotan las manos!


En España fue inhabilitado y expulsado el juez Baltasar Garzón de la carrera judicial por atreverse a juzgar los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura de Francisco Franco, en la cual cayó asesinado, entre millares, el poeta granadino Federico García Lorca. Aunque cientos de personas en las plazas y calles españolas a diario vocean sin descanso: “¡Vergüenza, vergüenza y vergüenza!”, en contra de la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo para Baltasar Garzón, lo cierto es que la consigna de Millán Astray, en los tiempos aciagos de la Guerra Civil Española sigue retumbando en la madre patria y en el mundo: “¡Viva la muerte, abajo la inteligencia!”.


La decisión de un juez colombiano, ordenando la extinción de la condena a Yair Klein, por prescripción, como dice Juan Manuel Galán, “se erige como un monumento a la impunidad levantado por las acciones y omisiones cómplices del Estado de Israel y del Tribunal Europeo de Derechos humanos”. Me pregunto: ¿Será que al Estado de Israel ya se le olvidó el holocausto judío?  ¿Por qué la Procuraduría y la Fiscalía General de la Nación no intervienen para hacer valer la imprescriptibilidad de los delitos imputados a Klein y la consiguiente condena de conformidad con el Estatuto de Roma y la jurisprudencia constitucional, como sugiere mi amigo Juan Manuel Galán?


Puntada final: al paso que vamos los casos de María del Pilar Hurtado y el psiquiatra Luis Carlos Restrepo, se repetirán, pues la débil justicia colombiana está domeñada a la impunidad internacional.




Comentarios
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John
2012/03/06 08:09:31 am
Excelente la Fiscal pero la Corte, aupada por Arrubla, pisoteo el reglamento y lo acomodo a sus antojos politiqueros, y el señor Garzon (salvador del mundo) quiso investigar chuzando a los investigados, a recibido dádivas de un banco para favorecerlo. Señor columnista las normas son para cumplirlas, preguntese porque la corte no eligio a los cinco magistrados que hacian falta, simplemente porque a su interior existen dos carteles, el Consejo de Estado salvo en algo el honor de la justicia mancillada por las posturas rastreras de Arrubla, Yesid Reyes, Ibañez.