Columnistas

La democracia del 1%
Autor: Mario Arango Mar韓
3 de Marzo de 2012


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La política electoral y la elección presidencial estadounidense de 2012 son casi exclusivamente definidas por el 1%, más precisamente por el 0,000063% de sus habitantes. Según Ari Berman, son los 196 donantes individuales que han suministrado casi un 80% del dinero reunido por los súper PAC (comités de acción política) creados por la decisión 5-4 “Citizens United” de la Corte Suprema en enero de 2010. Entre los donantes del principal PAC que apoya a Mitt Romney, «Restore our future», están Alice Walton, heredera de la fortuna de Wal-Mart; el famoso inversionista de capitales de riesgo Samuel Zell; y William Koch, el tercero de los famosos hermanos Koch. Romney,  con una fortuna personal de 250 millones de dólares y una tasa impositiva del 13,9% (la clase media paga en promedio el 35%), ataca al movimiento «Occupy Wall Street», según él, por su  “política resentida de la envidia”.


En un país de 46,2 millones de pobres, 15,1% de la población, el mayor porcentaje en los 52 años desde que estas cifras comenzaron a publicarse, y en ascenso a partir de la recesión y la burbuja hipotecaria, no puede hablarse de envidia. Mejor habría que hablar de una colosal acometida del dinero en medio de un electorado desmovilizado, al que cada vez menos le motivan pregones como el de “una nación próspera, la tierra de las oportunidades”.  Con menor peso, contante y sonante, sucede algo similar con el  súper PAC pro Newt Gingrich, «Winning our future»; con el de Rick Santorum, «Red-white-blue» o el de Obama llamado «Priorities USA». El mayor aportante de Gingrich, la “encarnación ambulante del complejo lobby-industrial”, es el magnate de los casinos de Las Vegas Sheldon Adelson. Por esta razón, el abstencionismo siempre resulta triunfante. Las mayorías no creen que el voto cambie las cosas.


Lo que pasa en Estados Unidos no es, de suyo, exclusivo. Por eso, Paul Craig Roberts se pregunta si la democracia occidental es una realidad o una fachada. El “derecho divino del dinero” también impera en Europa, salvo Islandia que se negó a socializar las pérdidas y dejó que la banca irresponsable se quebrara. Berlusconi no cayó por sus francachelas: simplemente no pudo resistir la presión de los banqueros privados y de funcionarios no elegidos de la Unión Europea. Los “banksters” no arriesgan: Papandreu duró solo 10 días después de anunciar el 31 de octubre de 2011 que los votantes griegos decidieran en un referéndum si aceptaban la austeridad impuesta desde el exterior. Mientras España pone sus barbas en remojo, en  Irlanda, la prima de riesgo supera los 650 puntos básicos.