Columnistas

Tres caminos
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
1 de Marzo de 2012


Las manifestaciones culturales est醤 llamadas a afianzar el concepto de lo p鷅lico, lo cual pasa, necesariamente, por la construcci髇 de una nueva ciudadan韆, entendida como la realizaci髇 de todos los derechos humanos y las libertades p鷅licas.

Las manifestaciones culturales están llamadas a afianzar el concepto de lo público, lo cual pasa, necesariamente, por la construcción de una nueva ciudadanía, entendida como la realización de todos los derechos humanos y las libertades públicas. La construcción de una ciudadanía basada en la aceptación y respeto de principios y valores ciudadanos, en el reconocimiento de la dignidad de todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, sin diferencias políticas, de estrato, de género o edad, que promueva la participación responsable de sus ciudadanos y ciudadanas, como soporte de una sociedad verdaderamente democrática, es el requisito fundamental para alcanzar mayores niveles de desarrollo.


Las nuevas teorías afirman que el desarrollo depende de la inversión en educación y en culturas, entendida la cultura no solo como las manifestaciones relacionadas con las bellas artes, sino como todo lo que es producto de las relaciones del sujeto con la naturaleza y con la sociedad. El desarrollo no está en construir muchas obras de cemento sino en lograr una infraestructura adecuada a las necesidades reales de cada comunidad y en lograr que las personas se apropien de cada edificio, de cada calle, de cada espacio, para la satisfacción de las necesidades físicas y espirituales. Solo así, podrá lograrse el cumplimiento de la promesa de la política, a través de las instituciones del Estado, que es lograr la felicidad de las personas, como lo pedía Aristóteles o, al menos, su bienestar, como lo dice la Constitución colombiana.


Históricamente, los gobernantes de todas las épocas y de las más disímiles sociedades han acudido intermitentemente a dos estrategias para controlar a sus pueblos y buscar la realización de su noción de progreso: La represión y el cemento, obras de infraestructura y control policivo de la sociedad. Pero ambas fracasan una y otra vez. No es suficiente construir obras públicas si estas no son apropiadas por la comunidad y si la gente no cuenta con la libertad de pensarlas, reclamarlas y verificar su realización, para tener la satisfacción de sentirlas propias.


El tercer camino es el de la cultura. Las culturas son el eje de la ciudad. Las manifestaciones culturales y artísticas permiten la construcción de tejido social y crean capital social. Por esta razón, la “universalización” del arte y de  las prácticas culturales es un paso necesario en la democratización de la vida local. Para lograrlo, los municipios se obligan a generar los estímulos y la promoción necesaria para que la cultura procure mejores formas de vivir, para que la armonía social, la educación ciudadana, el equilibrado desarrollo urbano y el espacio público generoso en posibilidades educativas y lúdicas, sean los pilares sobre los cuales se construya una ciudad más humana. En este sentido, es necesario responder a los estímulos y necesidades de cada momento, incorporando al proceso mecanismos innovadores de gobierno para que la ciudadanía asuma el significado de lo público. Tales mecanismos innovadores parten del fortalecimiento de los procesos de comunicación y de apropiación cultural.


La convivencia se construye con la recuperación de la confianza, en sí mismos y en los otros. Detrás de la confianza está el cambio de actitudes individuales y de comportamientos colectivos. Y se gana confianza a través de las expresiones culturales, de la promoción del encuentro, del disfrute del espacio público. Ganar confianza facilita el conocimiento de las personas y el reconocimiento público, requisitos esenciales para que las personas asuman su rol de ciudadanos y ciudadanas.