Gente

A journalism flame
Una llama del periodismo
Autor: Carmen Vásquez
1 de Marzo de 2012


Apenas hace un año allí estaba, gloriosamente feliz porque tanto había insistido hasta que lo logró. Logró su sueño... cambiar aquello que en una época fue representativo como el “parque de los periodistas” en el central Maracaibo con Girardot.

Apenas hace un año allí estaba, gloriosamente feliz porque tanto había insistido hasta que lo logró. Logró su sueño... cambiar aquello que en una época fue representativo como el “parque de los periodistas” en el central Maracaibo con Girardot, por su soñada “llama eterna” en el Parque de la Libertad. Nuestro querido profesor y maestro Humberto López, por su delicado estado de salud, no pudo estar en la mañana de ayer recibiendo el premio, más que todo el verdadero reconocimiento a toda una vida de periodismo que le otorgaba el Club de la Prensa por votación unánime. Pero es que este día de ayer lo dice todo... La fría pared de mármol en donde están todos los nombres de los colegas que ya partieron, se encabeza con una frase que solamente el maestro López podía escoger: “Vivir se vive la vida de tal suerte, que aún viva quede tras la muerte”, de José de San Martín.


En el mes de agosto del 2003 logró la creación del Club de la Prensa, solo para que todos los colegas profesionales de Medellín formáramos un grupo compacto a estar siempre actualizados, con las conferencias, los diplomados, el diálogo y también... con toda la menudencia de noticias que la parroquia suelta.


Hoy, Douglas Balbín, como presidente del Club, nos impulsa a que la tarea del maestro la sigamos haciendo cada vez mejor por la libertad, por la democracia y por la pasión del periodismo. Por eso en el día de ayer, el periódico El Colombiano fue reconocido por sus 100 años; Hernán Peláez por su trayectoria en la radio; el colega Waldir Ochoa, por sus programas en la televisión; como medio alternativo la revista ambiental El Reto que dirige Juan Guillermo Cardona y por el aporte a la formación el profesor José Jaramillo Alzate.


Pero Humberto López López será siempre esa llama eterna de empuje en el periodismo. Allí estaba su hijo David, sus dos nietos Pedro y Maximiliano y doña Amparo Ospina de López, silenciosa y amorosa ella, en el papel de mensajera de todos esos abrazos, palabras y razones que con toda seguridad ella corrió a llevarle a él, el maestro de maestros.


No llovió, solo fueron amenazas de gotas, pero no se sintió frío. Todo lo contrario, el calor de los saludos entre colegas y amigos fue de fervor y confianza. Los himnos llegaron al alma en la voz de Mauricio Ortiz, al doctor Pedro Juan González le tocó la parte de la conferencia sobre lo que hoy es un poco la coyuntura mundial que el hombre trata de entender y no vivir. Pero como diría el doctor López, casi se le va la mano en tiempo al tema de González. Afuera, seguían unas impertinentes gotitas de agua, pero solo impertinentes, porque la “llama eterna” estaba más viva que nunca, no la apaga nadie, es llama de libertad periodística.