Columnistas

No por mucho madrugar
Autor: Sergio Prada
1 de Marzo de 2012


Los primeros meses del año, en particular enero y febrero se caracterizan por el famoso fenómeno del “regreso al colegio”.

Los primeros meses del año, en particular enero y febrero se caracterizan por el famoso fenómeno del “regreso al colegio”. También es un lugar común por esta época, encontrar en los medios de comunicación noticias dando cuenta de las torturas a las que son sometidos los padres de familia. Los ya casi inalcanzables bonos en los colegios privados, y las interminables y a veces irrisorias listas de útiles escolares en las escuelas públicas son los mejores ejemplos.


Pero quizá una de las prácticas menos discutidas en los medios, pero no por ello menos tortuosa, es la hora de entrada al colegio. En Bogotá es común escuchar que a muchos niños los recoge el bus escolar entre 5:30 y 6:00 de la mañana. En otras ciudades con distancias más cortas hay jornadas escolares que empiezan tan temprano como las 6:40 AM. Ni hablar de algunas universidades cuya primera clase es de 6 AM.


No conozco las razones que justifican entrar tan temprano a estudiar, y si existen, no creo que estén justificadas en sólidas teorías pedagógicas. Probablemente se deben a antojos de directivas y profesores. No obstante, una consecuencia clara y no deseable de esta práctica es más que evidente: estamos sometiendo a una privación de sueño innecesaria tanto a padres como a alumnos.


Es bien sabido y ampliamente soportado por estudios médicos, que los seres humanos necesitamos suficientes horas de sueño para estar en total capacidad mental y física cada día. Los expertos han mostrado que el ciclo del sueño sigue un ritmo circadiano (un ritmo biológico regular) que cambia con la edad, y en particular está demostrado que en la adolescencia este ciclo empieza casi a la medianoche y termina hacia las 8 AM. Además, y de acuerdo con otra fuente creíble (la Fundación Nacional Norteamericana para el Sueño), mientras más joven es la persona más horas de sueño son recomendadas: 10 a 11 horas para niños en edad escolar (5-10 años),  8.25 a 9.25 para adolescentes
(10-17) y 7 a 9 para adultos.


La privación de sueño no sólo está asociada con largos y contagiosos bostezos. También está asociada con enfermedades crónicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad y la depresión. Esto sin contar los accidentes de tránsito causados por conductores exhaustos o los accidentes en empresas causados por trabajadores somnolientos. A estos resultados se suma una muy interesante investigación de Carrell y Maghakian (Universidad de California en Davis) y West (Academia de la Fuerza Área) que muestra que los jóvenes que empiezan clase 50 minutos más temprano sacan en promedio notas más bajas en las materias que toman a primera hora de la mañana que aquellos que empiezan más tarde.


Todos estos deberían ser motivos para revisitar la hora de entrada al colegio. No por mucho madrugar se aprende más, todo lo contrario, quizá sin querer queriendo estamos haciéndole un daño innecesario a nuestros niños y por ahí derecho a sus sufridos y madrugadores padres.