Columnistas

Falacias y falsarios
Autor: Rubén Darío Barrientos
23 de Febrero de 2012


La friolera de 1.909 casos atendidos en el Instituto Nacional de Medicina Legal, durante casi diez años, son el inverosímil registro de un impostor (falso siquiatra) llamado Camilo Herrera Triana.

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La friolera de 1.909 casos atendidos en el Instituto Nacional de Medicina Legal, durante casi diez años, son el inverosímil registro de un impostor (falso siquiatra) llamado Camilo Herrera Triana. Eso como que no cabe en la cabeza, es la verdad. Ingresó como médico, con diploma chiviado, porque apenas hizo dos semestres en cuatro años y adujo ser especialista en siquiatría de la Universidad Nacional, cuando no pisó ni la tienda. Y, no contento con ello, se dijo portador de una matrícula profesional ante la Secretaría de Salud de Bogotá, más falsa que un billete de tres pesos.


En su dilatado prontuario, Herrera emitió conceptos para la Corte Constitucional y recibió múltiples galardones, amén de que allegó constancias como docente de cuatro universidades del país. Su último cargo, merced a semejantes charreteras, fue el de profesional especializado forense grado III, adscrito a Medicina Legal – sede Bogotá. Ya fue capturado y su caso, ha copado las páginas de los periódicos del país, al igual que de los noticieros televisivos y la radio. En la actualidad está durmiendo en la cárcel Modelo de la capital de la república, porque le están pasando factura por sus actuaciones chuecas.


Estamos en presencia de un hecho grave. Pero resulta que en mayo de 2011, Portafolio publicó una noticia escalofriante: “uno de cada diez diplomas académicos en Colombia, para acceder a un puesto de trabajo, es falso”. Y el estudio objeto de la nota periodística, deja al descubierto este desglose miserable: “el 65% de títulos falsos, corresponde a diplomas de bachillerato; el 21%, a diplomas técnicos y tecnológicos, y el 14%, a títulos profesionales y de especialización”. Y cierra el informe, con esto: “Una vez identificados los diplomas falsos, se realizó una confrontación con los falsarios y el 85% tuvo actitud de negación, evasión y agresividad, y el 15% restante mostró aceptación y ofreció disculpas”.


No vamos muy lejos. Cuando en el año 2007, el cesarense Fabio Méndez Dangond se posesionó como gerente del INCO (Instituto Nacional de Concesiones), hubo voces de felicitación por su excelente hoja de vida y por su eximia formación profesional. Todo fue un fiasco: se comprobó que la maestría en finanzas de la Universidad Externado de Colombia -que adujo tener Méndez y sobre la cual aportó un diploma-, no existía siquiera como programa académico, y que apenas comenzaría 6 meses después. Todo era apócrifo. Como tampoco era verdad que hubiera estudiado economía internacional en París que, entre otras cosas, requería los estudios de Colombia para recibir homologación. Pura paja.


Tampoco perdamos de vista que en septiembre de 2010, en Bucaramanga, en plena audiencia pública un elegante tipo fue desenmascarado tras comprobarse que no tenía tarjeta profesional (y, desde luego, no había obtenido el título) y que llevaba cuatro años fingiendo ser abogado. Y ni qué decir de un sonoro caso en mayo de 2011, cuando se descubrió en Barranquilla que por $3 millones se “homologaban” títulos profesionales en educación. También, no son pocas las falsificaciones de incapacidades médicas.   


Las empresas tendrán que abrir el ojo, avisparse y saber que están metiendo “gato por liebre”. Hay que constatar los títulos y verificar las incapacidades. Si ocurrieren hechos de éstos, el despido por justa causa cabrá y el código penal prevé penas hasta de 108 meses de prisión. Ante la rampante corrupción, ante tanta falta de ética y ante una inmoralidad asqueante, sólo queda cerrar filas en torno a la honestidad y el juego limpio. Esta es otra manera villana de engañar y de robar. ¿Cuántos más casos, como estos, convivirán con la impunidad actual?




Comentarios
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JUAN
2012/02/23 07:38:53 am
¡Excelente artículo! Nuevamente el doctor Barrientos, mete sus diez falanges en la herida del desorden,la ignominia y la falta de control que nos caracteriza, esa que soportada en las coimas, chanchullos, tráfico d influencias y roscas, entre otros putrefactos males, deja que estas cosas avancen. ¿Como estarán el Congreso, el Senado y tantos otros dizque organismos oficiales e institucionales? Juanfer