Columnistas

Inequidad y discriminación por apariencia
22 de Febrero de 2012


En La Habana, en la esquina de Reina con Lealtad se encontraba la Ferretería Feíto y Cabezón, llamada así por los apellidos de sus propietarios. Un negocio próspero y reconocido por su original nombre, aunque sus dueños eran bien parecidos.

Danny Garcia Callejas


En La Habana, en la esquina de Reina con Lealtad se encontraba la Ferretería Feíto y Cabezón, llamada así por los apellidos de sus propietarios. Un negocio próspero y reconocido por su original nombre, aunque sus dueños eran bien parecidos. De haber sido feos, cabezones y mujeres, seguro se hubieran topado con mayores barreras para prosperar.


En Colombia, es preocupante la discriminación de la mujer y los estereotipos que clasifican a los individuos de acuerdo con su belleza. De hecho, esta semana encontré un aviso en un almacén reconocido de Medellín que decía: “se busca mujer bonita, buen cuerpo y simpática para asesora de ventas”.


Efectivamente, el economista Daniel S. Hamermesh lleva un buen tiempo analizando la relación entre belleza, ocupación y salarios. Sus estudios muestran que las personas cuya belleza está por debajo del promedio ganan entre 5% y 10% menos que sus colegas con las mismas responsabilidades, nivel de educación y experiencia.


Una investigación concluye que un aumento de 10% en el índice de masa corporal (relación entre peso y estatura) reduce los ingresos de hombres y mujeres en 3,3% y 1,9%, respectivamente; es decir, mientras más gorditos, menos salario.


No obstante, la belleza también puede actuar en contra de los individuos. Por ejemplo, una mujer atractiva puede ser discriminada al aplicar a puestos considerados “masculinos”.


Desafortunadamente, en Colombia existen estereotipos que castigan a las mujeres y no les permiten progresar. Así, en el cuarto trimestre de 2011, 7,8% de las mujeres ocupadas eran empleadas domésticas en contraste con 0,4% de los hombres, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).


Adicionalmente, el Dane estima que la tasa de desempleo en el cuarto trimestre de 2011 para mujeres y hombres en Colombia fue 12,5% y 7% respectivamente, aun cuando el número de mujeres que buscaban activamente trabajo era 25,3% menor que el de hombres.


Quizás los estereotipos influyan en las posibilidades laborales de la mujer.


En el “Estudio sobre Tolerancia Social e Institucional a la Violencia basada en Género en Colombia”, elaborado por Naciones Unidas en 2010, y donde se realizaron 3.419 encuestas, se encontró que 73% de los encuestados considera que “los hombres necesitan de una mujer en la casa” y 39% manifiesta estar totalmente o parcialmente de acuerdo con la afirmación de “que el papel más importante de la mujer es cuidar de su casa y cocinar para su familia”.


Este tipo de creencias discriminatorias imponen barreras económicas y participativas para las mujeres en nuestra sociedad.


¿Cuándo dejaremos de darle tanta importancia a los atributos físicos de los individuos? ¿Cuándo parará la discriminación? Quizás sólo cuando reconozcamos que hay discriminación, que está entre nosotros y que finalmente estamos dispuestos a luchar por los derechos de nuestros conciudadanos. Hasta entonces continuará la inequidad y discriminación por apariencia.